Londres (AFP, Reuters, ASN) - Tony Blair no inventó los datos esgrimidos antes de la guerra de Irak referidos a las inexistentes armas de destrucción masiva (ADM) de Saddam Hussein, según concluyó el informe de una comisión especial británica a cargo de lord Robin Butler. La investigación, dada a conocer ayer en medio de una importante expectativa en Gran Bretaña, señaló que fueron los servicios secretos británicos los que cometieron graves errores, aunque involuntarios, que llevaron a elaborar falsos análisis.
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El esperado informe Butler presentado ayer ante el Parlamento llevó alivio al gobernante laborista, cuya suerte estaba en cierta medida atada a la investigación. Si las pruebas de que él mismo había inventado datos eran concluyentes, su permanencia en Downing Street era por lo menos complicada. Blair ya debió afrontar altos costos políticos por el apoyo incondicional a la invasión impulsada por George W. Bush, rechazado por la gran mayoría de la población.
El informe de la comisión multipartidaria presidida por lord Robin Butler, que fue menos duro que el elaborado por una comisión similar en EE.UU. sobre el mismo tema, llevó al jefe de gobierno a realizar un mea culpa. «Asumo la entera responsabilidad y acepto totalmente las conclusiones del informe», dijo. Una hora después de conocido el texto de 200 páginas, Blair admitió que las pruebas de que Saddam Hussein tenía ADM eran «menos seguras, tenía menos fundamentos» de lo que se decía antes de que comenzara la guerra en Irak.
• Inexplicable
Y lanzó otra inédita confesión: «Debo aceptar que, en los meses pasados, parece cada vez más claro que en la época de la invasión, Saddam (Hussein) no tenía almacenamientos de armas químicas y biológicas listas para ser desplegadas».
Lo que en última instancia torna inexplicables las intenciones de los gobiernos británico y estadounidense, es que más allá de las falsedades de sus servicios de inteligencia de las que fueron supuestamente víctimas, antes de la invasión los inspectores de Naciones Unidas y de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA) habían descartado la existencia de las armas luego de meses de trabajo en territorio iraquí y pese a las poco disimuladas presiones de la Casa Blanca.
La comisión Butler agregó que es posible que Saddam Hussein haya desarrollado antes de la guerra en Irak misiles de largo alcance que violaban los reglamentados por las Naciones Unidas, pero «no había cantidades significativas de armas químicas y biológicas capaces de ser desplazadas, ni planes avanzados para utilizarlas», fustigó el informe. Blair llegó a argumentar públicamente en setiembre de 2002, seis meses antes de la guerra, que el régimen iraquí estaba en condiciones de desplegar armas químicas en 45 minutos. Esta afirmación «no debió figurar de esta forma» en aquel informe, concluyó, obviamente, lord Butler. A las pocas semanas se conoció que semejante aseveración estaba basada en una monografía de un estudiante universitario a comienzos de los '90. Butler calificó como «muy defectuosas» y « cuestionables» las informaciones de los servicios de inteligencia, pero sin que se encontrara «una prueba de distorsión deliberada o de una negligencia» por parte del gobierno.
Es aún incierto el futuro del designado por Blair jefe de los servicios de inteligencia británicos (MI6), John Scarlett, quien debe asumir funciones en agosto. Scarlett fue el encargado de redactar el citado informe de 2002 como presidente del Comité Conjunto de Servicios de Inteligencia, que sirve de vínculo entre los diferentes servicios de inteligencia y el gobierno.
«Esperamos enérgicamente que él no renunciará», indicó llamativamente lord Butler. Varios miembros del Parlamento pensaron lo contrario.
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