Manifestantes bloquean una avenida en La Paz en el marco de las protestas contra el gobierno de Carlos Mesa por la suba de los combustibles. El presidente advirtió que si la situación degenera en violencia, renunciará.
La Paz (AFP, ANSA, EFE) --Las huelgas que paralizaron ayer por tercer día consecutivo las ciudades de El Alto y Santa Cruz de la Sierra arrinconaban aun más al presidente de Bolivia, Carlos Mesa, pese a las concesiones efectuadas la noche del martes. Además, nuevos focos de reclamos surgieron en La Paz y Cochabamba, lo que agrava las perspectivas del conflicto que amenaza la estabilidad institucional.
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A pesar de la decisión presidencial de la víspera de revocar la concesión a la francesa Aguas del Illimani, filial del grupo económico Suez Lyonnaise Des Eaux, la ciudad andina de El Alto permanecía ayer en pie de guerra. Vecinos controlaban todas las vías de acceso a la ciudad, pese a que el gobierno de Mesa remitió el decreto de finalización del contrato con Aguas del Illimani a la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve), organizadora de la protesta.
Tampoco se llegó a acuerdo alguno en Santa Cruz de la Sierra, la ciudad más próspera del país. Allí los reclamos se centran en la anulación del aumento del precio de los combustibles, decretada por el gobierno a fin de 2004. Los empresarios cruceños reclaman, además, un marco regulatorio que fomente la inversión privada en hidrocarburos, en momentos en que el Congreso debate la ley respectiva.
En tanto, un millar de manifestantes exigió en La Paz el retiro también de la operadora de electricidad Electropaz, del grupo español Iberdrola, y de la italiana Telecom, que gerencia las telecomunicaciones en Bolivia. A su vez, el líder agrario radicalizado Felipe Quispe anunció el corte de las rutas andinas que comunican La Paz con el Altiplano y éste con Perú y Chile, en demanda de atención a un antiguo petitorio de 70 puntos. «No tenemos miedo, vamos a tumbar a Carlos Mesa», amenazó. Las protestas se extenderían a Cochabamba, indicó la agencia «Bolpress».
Mesa advirtió el domingo que si se desataban protestas violentas, su gobierno no iba a reprimir y él dejaría el cargo, lo que parece haber alentado a los manifestantes. El mandatario buscó tender puentes con el Movimiento al Socialismo (MAS), que comanda Evo Morales. Senadores del MAS respondieron positivamente a la creación de un «bloque patriótico», aunque el propio Morales se mostró distante de ese acuerdo.
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