Bolsonaro y la emergencia sanitaria desmantelan el mejor legado de Lula

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Un sector de la población que había abandonado la pobreza durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) cayó en la miseria, según Folha do Sao Paulo. Analistas adjudican el desplome a la mala administración de las ayudas, equivalentes a u$s53.4 mil millones el año pasado.

San Pablo - La ausencia de políticas públicas para mitigar el impacto económico negativo de la pandemia de coronavirus ha derivado en el crecimiento de la pobreza y en la desaparición de la llamada clase C en Brasil, uno de los mayores legados del ex Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, reportó Folha do Sao Paulo.

De acuerdo con investigaciones privadas citadas por uno de los mayores periódicos del país sudamericanos, millones de personas están volviendo a situaciones precarias y su situación podría empeorar en 2021.

Las clases más acomodadas comenzaron a estabilizar sus ingresos o a sumar ganancias, pero es probable que las llamadas clases D y E, cada vez más numerosas, experimenten otra caída de casi el 15% en sus ingresos este año. “Esto no solo aumentará la desigualdad social brasileña, sino que ralentizará la recuperación económica”, según Folha.

Con el cese de muchas actividades el año pasado y la interrupción de la ayuda de emergencia en diciembre, que se reanudó este mes, pero por un monto mucho menor, muchos de quienes habían ascendido a la nueva clase C cayeron en la miseria.

De acuerdo con un estudio publicado por la Fundación Getulio Vargas, en 2010 la clase media había superado el 50% de la población brasileña. Se define Clase C en Brasil a los sectores de la población que pudieron acceder a productos y servicios que antes estaban reservados a los más adinerados, desde electrodomésticos a viajes y educación de calidad.

En 2019, antes de la pandemia, Brasil contaba alrededor de 24 millones de personas en pobreza extrema, o el equivalente al 11% de la población, que vivía con menos de 246 reales al mes (unos 44 dólares). Ahora hay 35 millones, o el 16% del total, según un estudio citado por Folha.

Entre estos nuevos participantes en la pobreza extrema, muchos no encajan en el perfil clásico del brasileño pobre, nacido de familias muy humildes, desestructuradas y con muy baja escolaridad.

El periódico cita en particular el caso de la familia de Noemi de Almeida, que estudió hasta el primer bachillerato, y cayó en la pobreza extrema en la pandemia tras haber contado con un salario de 4.000 reales (u$s30). Ahora dependen de donaciones para poder comer y viven en una parcela ocupada en San Pablo.

Según FGV Social, casi 32 millones de personas salieron de la clase C desde agosto del año pasado. La clase E, con un ingreso familiar de hasta 1.205 reales, según criterios de FGV Social, fue la que más se hinchó: creció en 24,4 millones de personas. La clase D (ingresos entre 1.205 y 1.926 reales) aumentó en 8,9 millones.

Marcelo Neri, director de FGV Social, compara el repentino cambio de nivel que sufrió la clase C con un “terremoto” desde el inicio de la pandemia. En su opinión, la ayuda de emergencia estaba muy mal calibrada: demasiado generosa en 2020 e insuficiente ahora, cuando la pandemia está matando a más y obligando a los estados y municipios.

En su opinión, la ayuda de emergencia estaba muy mal calibrada: demasiado generosa en 2020 e insuficiente ahora, cuando la pandemia provoca más muertes y obliga a los estados y municipios a detener las actividades.

En agosto del año pasado, en el auge de la ayuda, el 82% de las personas que se consideraban muy pobres (ingresos menores a 246 reales) dejaron de serlo momentáneamente para volver a la miseria poco después. Muchos están peor que antes, escribió Folha.

Según analistas citados por el periódico, el gobierno no fue sabio y ahora no tiene fondos para destinar a asistencia. En 2020 la administración de Bolsonaro entregó 293 mil millones de reales (u$s53.4 mil millones) a 66 millones de personas.

Este año se espera que la ayuda sea de 44 mil millones de reales (u$s8 mil millones).

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