Brasilia - El cuarto ministro de Salud del Gobierno de Jair Bolsonaro, Marcelo Queiroga, designado el lunes a la noche, ratificó ayer la línea oficial de rechazo a las cuarentenas duras a las que regresan algunos de los estados más importantes del país en el momento más dramático de la pandemia del nuevo coronavirus.
El nuevo ministro de Salud de Bolsonaro cuestiona cuarentenas en el peor momento del covid-19
Marcelo Queiroga es el cuarto hombre en asumir la cartera durante la actual gestión. San Pablo, el estado más rico del país, volvió a un confinamiento duro debido al colapso de sus hospitales. Conmoción por las amenazas de muerte a una médica que había sido sondeada para el cargo.
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Queiroga, hasta ahora presidente de la Sociedad Brasileña de Cardiología, señaló ayer en un breve contacto con la prensa que la política para frenar los contagios “es del Gobierno de Bolsonaro y no del ministro de Salud”. Asimismo, cuestionado sobre la cuarentena dura de dos semanas que entró en vigor en San Pablo, el estado rico del país y más poblado, con 46 millones de habitantes, indicó que su opinión al respecto “es pública”. Ratificó así dichos acerca de que el llamado lockdown “no puede ser política del Gobierno” y que solo se justificaría en “situaciones extremas”.
San Pablo, cuyo gobernador João Doria es un potencial presidenciable en las elecciones del año que viene, registró 679 muertes por covid-19 entre el lunes y ayer, con lo que batió un nuevo récord. Las autoridades locales creen que el sistema sanitario podría colapsar el diez días. La emergencia es general en Brasil, donde el promedio diario de decesos de la última semana se acercó a 1.841, un hecho sin precedentes desde el inicio de la pandemia.
El lunes, el país anotó 1.057 muertes más, lo que elevó la cifra trágica a 279.286, con más de 11,5 millones de contagiados.
Después de Estados Unidos, Brasil es el segundo país del mundo con más fallecimientos documentados por el mal.
En referencia a su antecesor, el general Eduardo Pazuello, quien no quería salir del gabinete a pesar de las críticas que le valió haber aplicado ideas de Bolsonaro como la recomendación de uso de medicamentos de efectividad no comprobada contra el nuevo coronavirus, Queiroga dijo que “no vine para evaluar su gestión sino para trabajar por Brasil”. “El ministro Pazuello ha trabajado arduamente para mejorar las condiciones sanitarias y yo fui convocado por el presidente Bolsonaro para dar continuidad a ese trabajo y derrotar esta crisis en la salud pública”, añadió.
Queiroga, nombrado luego de que se negara a asumir el cargo la cardióloga Ludhmila Hajjar, quien defendía las cuarentenas y el uso de barbijo y fuera amenazada de muerte por extremistas anticuarentena, es el cuarto ministro de Salud de Bolsonaro. Reemplaza a Pazuello, quien había llegado al cargo el 15 de mayo del año pasado en el lugar del oncólogo Nelson Teich, quien a su vez había reemplazado al primer titular de la cartera, Luiz Henrique Mandetta.
“Debo confesar que me asusté. Intentaron entrar dos veces a mi cuarto de hotel, publicaron mi número de celular en grupos de WhatsApp y recibí toda la noche amenazas de muerte. No tengo miedo, pero realmente me asusté”, confesó Hajjar tras una segunda y última reunión con Bolsonaro en el Palacio del Planalto.
La cardióloga dijo que Bolsonaro estaba preocupado con la economía y que quería “soluciones en la salud” buscando un sucesor a Pazuello.
Hajjar, según reveló el sitio Poder 360, también debió entrevistarse con el diputado Eduardo Bolsonaro, delante del presidente. El legislador, referente de la ultraderecha regional, le pidió su posición sobre el aborto y libertad de armar a la población.
Según esa fuente, Bolsonaro le objetó el confinamiento en el noreste porque eso le haría perder la reelección en 2022.
“Estoy a disposición de mi país y no quiero politizar la salvación de vidas”, afirmó la médica , conocida por sus críticas a la gestión sanitaria del Gobierno.
El colapso sanitario en varios estados se transformó en una gigantesca crisis política para el mandatario de ultraderecha, quien debió entregar la cabeza de Pazuello debido a la presión de sus aliados.
El último acto de gestión de este fue la firma de un contrato para la compra de 100 millones de vacunas de Pfizer y 38 millones de Janssen, lo que debería permitirle a Brasil vacunar a toda su población para fin de año.
San Pablo, cuya ocupación de camas de terapia intensiva alcanzó un nivel de ocupación alarmante del 89% en medio de la propagación de la variante amazónica del virus SARS-CoV-2, mucho más contagiosa, inició el lunes a la noche dos semanas de reconfinamiento, con toque de queda nocturno y sin comercios ni oficinas funcionando. Más de una decena de hospitales estaduales ya tienen un 100% de ocupación, por lo que ha debido comenzar a montar doce hospitales de campaña.
Exaliado de Bolsonaro, el gobernador Doria llamó al presidente “genocida”.
Hasta fin de mes, los parques y playas estarán cerrados, los oficinistas deben trabajar a distancia y las autoridades pidieron reducir las clases al mínimo imprescindible, entre otras medidas.




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