1 de febrero 2007 - 00:00

Brasil: asumió el nuevo Congreso y aliados de Lula controlarán ambas cámaras

El Congreso brasileño inició hoy una nueva legislatura, con una prueba de fuego para la alianza que apoya al presidente Luiz Inacio Lula da Silva, dividida en la elección del estratégico cargo de presidente de la Cámara de Diputados.

Los 513 diputados y 81 senadores dieron inicio a la 53ª Legislatura de un Congreso que vive horas bajas, después de los escándalos de corrupción que mancharon a decenas de los integrantes de la legislatura saliente.

El presidente de la Cámara, Aldo Rebelo, del Partido Comunista de Brasil, recordó al dar la bienvenida a sus colegas momentos más gloriosos de la institución, como su papel en la salida del régimen militar (1964-1985), y dijo que su sobrevivencia se debe a que representa "las esperanzas de una nación (...) sin discriminaciones ni prejuicios".

Rebelo, de 50 años, ministro de Lula antes de ser nombrado presidente de la Cámara en 2005, quiere mantener su actual cargo, aunque para ello deberá derrotar a dos candidatos en una elección secreta que se iniciará a media tarde del jueves.

Su principal adversario es Arlindo Chinaglia, de 57 años, del Partido de los Trabajadores (PT), cuyo líder, Lula, se abstuvo de pronunciarse públicamente a favor de alguno de sus dos aliados.

El tercero es el socialdemócrata (opositor) Gustavo Fruet, de 43 años, representante de una corriente suprapartidaria preocupada por la degradación de la imagen del Congreso. Su candidatura fue lanzada tras la fuerte reacción popular contra una tentativa de los legisladores de duplicarse el salario.

Lula dijo que consideraba "poco probable" una victoria de Fruet, y minimizó con una broma el riesgo de que la disputa deje heridas graves en su alianza, al decir que "con un poco de mercurio se resuelve el problema".

El jefe de la Cámara es el segundo en la línea sucesoria del presidente de la República, después del vicepresidente. Tiene el poder de definir los temas que deben ser votados, lo cual lo convierte en una figura clave para el avance de los proyectos del gobierno. También es quien acepta o rechaza eventuales pedidos de "impeachment" del jefe de Estado.

En el Senado, el presidente saliente, Renan Calheiros, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, de la alianza oficialista), fue reelegido, con 51 votos contra 28 para el opositor José Agripino Maia, Partido del Frente Liberal (PFL, derecha).

Lula, que inició su segundo mandato el 1º de enero, aún no nombró a sus ministros, en espera del desenlace de las votaciones en el Congreso.

La elección de la Cámara le permitirá verificar el comportamiento del PMDB, un aliado clave pero conocido por sus divisiones internas, que declaró su apoyo a Chinaglia.

En las elecciones de octubre, el PMDB se convirtió en la primera bancada de la Cámara, con 89 escaños, y es también la primera en el Senado, con 20 curules.

El PT eligió 83 diputados y 11 senadores. El Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, consiguió 66 escaños de diputados y 13 de senadores, y el PFL 65 diputados y 17 senadores.

Pero la configuración del Legislativo aún no está clara, pues en Brasil antes del inicio de una legislatura son frecuentes las deserciones hacia partidos oficialistas, que buscan reforzarse para dominar más comisiones y obtener más tiempo de publicidad gratuita. Según los medios, ya habría unas 20 deserciones.

Varios partidos de derecha aliados de Lula -como el Progresista (PP) o el Trabalhista (PTB)- acogieron en la legislatura saliente a los tránsfugas y estuvieron en el centro de un escándalo que hizo tambalear al gobierno, cuando el PT fue acusado de comprar apoyos políticos.
Otras denuncias, de fraudes en licitaciones de ambulancias, colocaron bajo sospecha a decenas de miembros de partidos oficialistas y opositores.

Según el site G-1, del grupo Globo, uno de cada siete diputados que asumieron este jueves responde a investigaciones judiciales.

Por grupos de presión transpartidarios, destaca la reducción de la bancada evangélica, que tenía 60 parlamentarios y ahora no tendrá más que 36, según el Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (Diap).

Eso se debería, de acuerdo con el director de esa consultora, Antonio Augusto Qeuroz, a la serie de escándalos que implicaron a obispos y pastores de iglesias neopentecostales.

La bancada "ruralista", que defiende los intereses de los grandes hacendados, experimentó una pérdida numérica, de 111 a 105 congresistas, pero sus principales articuladores fueron electos o reelectos, señala el Diap.

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