La operación de Estados Unidos en Irak está pendiendo de un hilo. Si va a tener alguna esperanza de triunfo en este momento hobbesiano, será necesario que ocurran rápidamente tres conversaciones: George W. Bush necesita hablar con su padre, los líderes árabes necesitan hablar con sus hijos -e hijas- y nosotros, los estadounidenses, necesitamos hablar con el Consejo Gobernante de Irak.
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Presidente Bush, por favor hable a casa. Usted necesita algo de la sabiduría de su padre en estos momentos. El viejo Bush quizá no sea poseedor de una gran visión, pero sí tenía una buena dosis de prudencia. El comprendió que no podía expulsar a Saddam Hussein de Kuwait sin contar con una verdadera coalición que incluyera a Egipto, Siria, Arabia Saudita y otros estados árabes clave, independientemente de todos los aliados de la OTAN y de la Organización de las Naciones Unidas. Lo que era cierto para expulsar a Saddam de Kuwait era triplemente cierto para expulsar a Saddam de Irak y es cuadruplemente cierto para expulsar a los baasistas de línea dura enquistados en Falluja y a los radicales chiitas en Najaf. En la medida en que más profundamente tratemos de penetrar la sociedad iraquí, especialmente recurriendo a tanques y tropas, más legitimidad necesitaremos. Cuando las cosas estaban yendo bien en Bagdad con el proceso político, Estados Unidos pudo haber logrado sus objetivos al comprar la legitimidad con dinero en efectivo o imponiéndose con músculo militar. Pero cuando se habla de matar a jóvenes y clérigos iraquíes rebeldes, no se puede comprar legitimidad para eso, y no se puede obligar a hacerlo.
Los iraquíes moderados simplemente están demasiado asustados para ponerse de pie y defender eso por cuenta propia. De hecho, más bien huirán corriendo de Estados Unidos. Sólo una verdadera coalición de las Naciones Unidas, los estados árabes y musulmanes y Europa -la coalición del viejo Bush- podría darles un refuerzo. Quizá ya sea demasiado tarde para eso ahora, pero más vale que los amigos de George W. Bush lo intenten.
Los estadounidenses tenemos un abrumador déficit de legitimidad que es una tarea que debemos llevar a cabo. Estoy contento de que El Salvador esté con nosotros, pero cuando los iraquíes tienen antenas parabólicas, no sintonizan la televisión de El Salvador. Sintonizan el canal de Al-Jazeera.
Y necesitamos otras dos conversaciones. Los kurdos de Irak tienen un alma democrática. Pero en el debate sobre la Constitución interina de Irak pecaron de buscar demasiado. Demasiados moderados chiitas, encabezados por el ayatollah al-Sistani, están sintiendo que la Constitución interina iraquí se inclina tanto en favor de los derechos de las minorías que limita injustamente los derechos de la mayoría (o sea de los chiitas). Hable con la juventud árabe actual y encontrará que muchos de sus miembros están totalmente desalentados ante la falta de rumbo de sus sociedades. Están atrapados en una tormenta de arena. Lo que está ocurriendo en Irak hoy en día no es sólo una guerra entre el Islam y radicales y Estados Unidos: es, lo cual es más importante, una guerra en el seno del Islam, entre aquéllos que desean un Islam con un rostro humano y progresista que pueda integrarse al mundo, y aquéllos que desean un Islam que sea exclusivista y hostil al mundo exterior.
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