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26 de octubre 2006 - 00:00

Bush, frustrado ahora por Irak

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George W. Bush
Washington (EFE, Reuters, AFP) - El presidente de EE.UU., George W. Bush, se declaró ayer «insatisfecho» con la situación en Irak, dejó entrever la existencia de roces con el gobierno de Bagdad y advirtió de que la paciencia de su país «no es ilimitada».

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En una rueda de prensa celebrada en la Sala Este de la Casa Blanca, un Bush que habló en tono preocupado planteó un análisis de la guerra en Irak muy alejado del optimismo de meses atrás, aunque insistió en su apoyo al primer ministro de ese país, Nuri al-Maliki.

Cuando faltan dos semanas para las elecciones legislativas en EE.UU., la grave situación en Irak se ha convertido en el principal problema para el gobierno y el Partido Republicano, al que la mayoría de las encuestas pronostica una derrota.

En lo que va de octubre, cerca de 90 soldados estadounidenses han muerto en el país árabe, lo que convierte este mes en el más mortífero del último año y eleva la cifra de bajas de esas tropas a cerca de 2.800 desde el comienzo de la guerra, en marzo de 2003.

En la rueda de prensa, Bush reconoció que no hay una « fórmula fácil» para resolver el conflicto. «Muchos estadounidenses no están satisfechos con la situación en Irak. Yo tampoco lo estoy», aseguró.

En tanto, rehuyó las preguntas sobre la posible remoción del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a quien apoyó «por su liderazgo y su trabajo».

El aumento de las bajas estadounidenses ha hecho que se multipliquen las voces, en particular entre la oposición demócrata, para incrementar la presión sobre Bagdad de modo que ese gobierno adopte más responsabilidades y las tropas estadounidenses puedan regresar a casa cuanto antes.

La Casa Blanca ha respondido a esos llamamientos con el anuncio, el martes en Bagdad, de un calendario acordado con el gobierno iraquí para que éste se haga cargo más rápidamente de la seguridad en el país árabe y para poner fin a la violencia que enfrenta a chiitas y sunnitas. El plazo acordado sería de entre 12 y 18 meses.

El embajador de EE.UU., Zalmay Khalilzad, y el comandante en jefe de las tropas estadounidenses en Irak, general George Casey, hicieron el anuncio en una rueda de prensa en la que Al-Maliki no estuvo presente.

Bush afirmó ayer que no tenía «ni idea» del porqué de esa ausencia. «Presionamos a los líderes iraquíes para que tomen medidas osadas para salvar a su país. Estamos dejando claro que la paciencia de Estados Unidos no es ilimitada», afirmó. Sin embargo, insistió en que Al-Maliki contará con el apoyo de Estados Unidos «mientras continúe con la adopción de decisiones difíciles». «No impondremos más presión al gobierno iraquí de la que pueda soportar», aseguró Bush, quien reiteró que «lo presionaremos, pero no vamos a llevarlo al punto en que no pueda lograr el objetivo».

Previamente, en una rueda de prensa en Bagdad, Al-Maliki se distanció del calendario anunciado por EE.UU. y criticó un asalto estadounidense en Sadr City, un barrio chiita de Bagdad.

«Los estadounidenses tienen el derecho a revisar sus estrategias, pero no creemos en un calendario y nadie nos lo va a imponer», afirmó el primer ministro iraquí.

Como el resto de los funcionarios de su gobierno, Bush se resistió a hablar de «plazos», al mencionar el calendario, y en su lugar insistió en que se trata de «pautas» o «parámetros».

Bush, quien estuvo por momentos a la defensiva durante la conferencia de prensa, quiso rechazar también las acusaciones de la oposición demócrata de que ha mantenido una estrategia demasiado rígida en Irak y que ello ha perjudicado la marcha de la guerra. El mandatario aseguró que desde la invasión estadounidense, los insurgentes han ido cambiando su estrategia y también lo ha hecho EE.UU.

«Nuestras metas son inmutables, pero nuestros métodos para lograrlas son flexibles», afirmó el presidente.

La guerra, agregó, «no se resolverá sólo en el terreno militar», sino que es necesario «alcanzar una solución política».

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