Bush, mal: Corte dio amparo a los presos de Guantánamo
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En Roma, donde se reunió ayer con Silvio Berlusconi, George W. Bush criticó la decisión, pero aseguró su acatamiento.
Esa posibilidad también estará abierta para los sospechosos de los atentados del 11 de setiembre de 2001, que comparecieron la semana pasada por primera vez ante uno de los tribunales militares especiales creados en la base cubana.
Entre ellos se encuentra el ex número tres de Al-Qaeda, Jalid Sheij Mohamed, quien admitió haber sido el autor intelectual de esos ataques, tanto en polémicos interrogatorios bajo tortura como en declaraciones de prensa previas.
El dictamen probablemente provocará una oleada de recursos ante los tribunales federales estadounidenses y reactivará algunas demandas que jueces de menor rango habían paralizado, pendientes de la decisión de la Corte.
Desde que 20 detenidos llegaron en enero de 2002 por primera vez a las jaulas de metal que inicialmente se usaron para alojarlos en Guantánamo, la Corte se ha constituido en el principal freno a la pretensión del gobierno republicano de encerrar a sospechosos de terrorismo de forma indefinida y fuera del marco legal normal.
Ya en 2004 la Corte había autorizado a dos prisioneros a apelar su detención ante la Justicia norteamericana, pero el gobierno impuso la creación de los tribunales militares especiales y la batalla legal se reavivó.
Otro dictamen previo había obligado a la administración a establecer que dichas juntas militares revisaran la situación de cada prisionero para determinar si merecen continuar encarcelados. Anteriormente, no tenían ese derecho.
Pero la Corte determinó ayer que ese sistema no constituye un mecanismo justo de análisis de los casos. En esas juntas, denominadas formalmente «tribunales de revisión del estatus de los combatientes», los detenidos no tienen derecho a un abogado, no pueden refutar información secreta y se admiten confesiones realizadas bajo tortura.
En una declaración jurada enviada a la Corte, el teniente coronel de la Reserva, Stephen Abraham, un ex miembro de una de esas juntas, denunció el año pasado que los procedimientos son «poco más que una validación de las determinaciones previas» hechas por el Pentágono.
El Congreso, por su parte, fue un aliado de Bush hasta el año pasado, cuando estaba bajo control de los republicanos. En 2006 aprobó la Ley de las comisiones militares, que negaba expresamente a los detenidos de Guantánamo el derecho de pedir su puesta en libertad ante los tribunales federales, norma que el Supremo declaró inconstitucional ayer.


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