Brasilia (EFE, ANSA) - El sociólogo Fernando Henrique Cardoso concluyó ayer ocho años de mandato en los que introdujo a Brasil en la senda de la modernidad, opina la mayoría de los observadores. El Brasil que hereda Luiz Inácio Lula Da Silva tiene numerosas y serias asignaturas pendientes, pero vive, sin dudas, una situación mejor que en 1995, cuando el ahora ex presidente llegó al poder, señalan.
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Cardoso, de 71 años, partió ayer mismo rumbo a París, donde pasará una temporada de descanso de tres meses, y al regresar quiere retomar su vida académica y dar forma a dos nuevos libros que viene madurando en los últimos meses.
«De aquí en adelante -dijo hoy Cardoso en sus últimas palabras como mandatario-, el pueblo brasileño tiene que seguir firme, creyendo en Brasil: un Brasil democrático, un Brasil progresista.» Aseguró que dejaba el gobierno «muy emocionado», y consideró que había cumplido su misión. «Por lo menos, hice lo que pude», dijo a los periodistas.
Cuando se le pregunta por sus mayores logros durante sus dos mandatos consecutivos, Cardoso suele responder: «Hemos reformado el Estado e insertado a Brasil en la economía mundial con unas razonables condiciones de competitividad».
En el haber de la era Cardoso, los analistas colocan la relativa estabilidad que alcanzó la economía; la privatización de las áreas bancaria, de telecomunicaciones y energía; la apertura y desarrollo del sector petrolero; y la creación de condiciones para el ingreso de capitales extranjeros. En lo social, se destaca el aumento de 93% a 97% en la escolarización de los ni-ños brasileños, la reducción de la mortalidad infantil de 38 a 30 por cada mil nacidos vivos, la caída de 5 a 4 millones en el número de menores que trabajan y la entrega de tierras a 600.000 familias campesinas pobres.
Sin embargo, este sociólogo de modales afrancesados reconoce que «faltó mucho por hacer» y confía en que Lula seguirá su camino. En el debe se señala un exiguo crecimiento económico global registrado punta a punta durante sus ocho años en el poder, el hecho de que Brasil tenga la cuarta peor distribución del ingreso del mundo y, sobre todo, el fuerte crecimiento de la deuda pública, que pasó de ser 30% del PBI a representar 62%.
A su regreso de París, Cardoso se instalará de nuevo en San Pablo, donde dará vida a un instituto que llevará su nombre. En el plano internacional, asumirá como vicepresidente del Diálogo Iberoamericano, una organización que reflexiona sobre las relaciones entre Europa y América, y piensa viajar cada cuatro meses para desarrollar actividades como conferencista.
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