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En la ciudad costera de Sendai, a 130 kilómetros del epicentro del terremoto, varias personas fueron rescatadas con helicópteros que sobrevolaron la zona en búsqueda de sobrevivientes.
Uno de los aparatos logró rescatar a varias personas que se habían refugiado en el techo de una escuela primaria escapando de la destrucción.
La gasolina fue racionada en esa ciudad japonesa: se reparten sólo 20 litros por vehículo y las filas en las gasolineras pueden durar horas, informaron medios locales.
La energía eléctrica sólo llega al centro de Sendai -capital de la prefectura de Myagi, en la región de Tohoku, en el norte de la isla de Honshu, la principal del archipiélago nipón- donde aún es posible ver automóviles que circulan por las calles.
En un intento desesperado por pedir ayuda, médicos y enfermeras formaron la señal de S.O.S en el techo del hospital de Iwanuma, cerca de Sendai. El hospital se halla semi-sumergido por las aguas.
El gobierno ordenó el envío de 50.000 militares a la costa para ayudar en la búsqueda de sobrevivientes y en las tareas de reconstrucción.
En tanto, al menos 1,4 millones de viviendas no disponen de agua corriente en el país y unos 3 millones de japoneses están sin corriente eléctrica.
El premier japonés, Naoto Kan, dijo que el terremoto, seguido de un tsunami, fue un desastre "sin precedentes" para el país que "debemos superar todos juntos" "El sismo causó un tsunami más grande que lo previsto", dijo el premier en una rueda de prensa después de sobrevolar las zonas afectadas.
En tanto, la Agencia Meteorológica japonesa cesó la alarma de tsunami en todo el territorio del archipiélago.
En su último boletín, el organismo retiró la alarma en cuatro áreas donde regía el alerta: las prefecturas de Iwate, Miyagi y Fukushima, y la costa de Aomori.
En Tokio, sus habitantes se lanzaron a la caza de los supermercados para aprovisionarse de agua mineral, alimentos y productos de primera necesidad ante el temor de un eventual desabastecimiento.
Los negocios estaban empeñados en sus actividades cotidianas, a 24 horas del sismo de 8,9 grados en la escala de Ritcher que hizo "volar" literalmente las mercaderías de las góndolas y los estantes.
Todos los negocios amanecieron prolijos, sin rastros del desastre, y sólo algunos escombros en la calle recuerdan el sismo.
En esta calma aparente, sin embargo, los residentes colmaron los supermercados y los carritos llenos de productos testimonian la emergencia.
En los supermercados en torno a la estación de Sangenjaya, a tres kilómetros del barrio céntrico de Shibuya, se veían filas más largas y carritos más llenos que los habituales.
Numerosas góndolas lucían vacías, en especial las que presentan las botellas de agua mineral, una escena rara en los supermercados japoneses, donde las mercaderías son constantemente provistas de nuevos productos.
Además de agua, faltaban alimentos y productos de primera necesidad como papel higiénico, arroz, salsa de soja, o pasta instantánea y galletitas.




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