Primero fue Monica Lewinsky, que lo calificó de «revisionista de la historia» por la versión que dio del affaire que casi le costó el poder. «Esperaba que Bill Clinton al menos corrigiera las falsas declaraciones que hizo cuando intentaba proteger su presidencia. En cambio, habló como si yo hubiese sido un buffet y él simplemente no pudo resistir el postre», se había quejado la ex becaria tras leer los pasajes que seguramente más le interesaban del libro que el demócrata acaba de publicar. Ahora es el turno de Paula Jones, otra de las mujeres que atormentaron su gobierno. La que acusó en 1994 a Clinton de acoso sexual, acaba de retarlo a un debate público para esclarecer lo ocurrido en aquella habitación de un hotel en la que -dice-él, entonces gobernador de Arkansas, se bajó el pantalón.
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«Dios, yo y él sabemos lo que hizo», afirmó escandalizada ante la nueva desmentida de Clinton.
Por lo pronto, parece no faltarle razón en que -puestos a hablar del tema-habría aún cosas por aclarar. La propia Jones, despechada, se encargó de aclarar en qué contexto dejó caer su denuncia: en 1998, después de recibir 870.000 dólares del entonces presidente en un acuerdo extrajudicial.
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