Bogotá (EFE, ANSA) - Las autoridades colombianas comenzaron ayer a adoptar extremas medidas de seguridad con motivo de la visita de 24 horas que comenzará hoy el secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, destinada a reforzar el apoyo de Washington a la lucha del gobierno de Alvaro Uribe contra los grupos armados ilegales y el narcotráfico. La llegada de Powell, que pernoctará en Bogotá, está prevista para las 19 -hora local- y los organismos policiales, militares y del servicio secreto reforzaron la vigilancia en varias dependencias gubernamentales.
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Powell se entrevistará mañana con el presidente colombiano y con las ministras de Defensa, Marta Lucía Ramírez, y de Relaciones Exteriores, Carolina Barco. Además, se reunirá con los jefes de las fuerzas militares y de la policía, y presenciará un ejercicio policial contra el narcotráfico en el aeropuerto bogotano de Eldorado.
Según las fuentes, el secretario de Estado respaldará la llegada de Colombia este mes al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en calidad de miembro no permanente, que tiene entre sus asuntos más importantes la situación de Irak.
Las fuentes señalaron, además, que no se descarta que Powell solicite a Colombia un acuerdo bilateral para garantizar la inmunidad de los estadounidenses frente a la Corte Penal Internacional.
Powell, el funcionario de más alto nivel de la administración de George W. Bush que visita a Colombia, ya había previsto un viaje a este país el 11 de setiembre de 2001, pero los ataques contra Nueva York y Washington lo obligaron a cancelar sus planes.
Ahora, la cita es con un nuevo presidente y en circunstancias diametralmente opuestas. En aquella ocasión el entonces mandatario, Andrés Pastrana, intentaba mantener con vida un diálogo con la guerrilla de las FARC, mientras ahora esa negociación está rota y el clima es de mayor confrontación frente a esa agrupación insurgente. Y es precisamente Washington uno de los factores decisivos en el conflicto interno colombiano, por la inyección de unos 2.000 millones de dólares al plan Colombia, con un componente militar diseñado originalmente para la lucha contra el narcotráfico, pero que este año fue ampliado para combatir a los grupos armados ilegales. A lo largo de 2002, EE.UU. anunció una inyección de 98 millones de dólares para la vigilancia del principal oleoducto del país, Caño Limón-Coveñas, que es frecuente objeto de atentados dinamiteros por parte de grupos guerrilleros.
Pero si la influencia de EE.UU. es decisiva en la lucha armada, también puede serlo en un eventual proceso de paz, ya que sus autoridades han solicitado la extradición o han presentado cargos contra líderes de los paramilitares o las guerrillas, generando interrogantes sobre cómo incidirán en un posible diálogo las medidas judiciales norteamericanas.
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