¿Lula presidenciable otra vez? No lo descartó su "delfina electoral" Dilma Rousseff el lunes, cuando tras rechazar la posibilidad de extender el periodo presidencial de 4 a 5 años, admitió que en 2014 la reelección (suya) podía ser una opción. Y que la otra podría ser que Lula se candidateara en esa fecha para un tercer periodo.
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Por su parte, Lula, de gira por África, abonó esa especie desde otro ángulo. Negó que su aspiración futura fuese la de ser Secretario General de Naciones Unidas (ONU), cargo internacional que, si bien para muchos le quedaba grande, nunca rechazó cuando tanto la prensa como sus seguidores se lo proponían. "El cargo debe ser ocupado por un burócrata, un técnico de Naciones Unidas, y no por un político", señaló. "Un político puede crear un problema muy serio", dijo, para agregar, no sin ironía artera: "¿Imaginan si mañana el presidente de los Estados Unidos quisiese ser secretario de la ONU ?".
Aunque por un lado, Ban Ki-Moon, el actual secretario de ONU, puede respirar aliviado ya que el brasileño no querrá quitarle la silla, la lectura no es sólo ésa. La renuncia de Lula a esas veleidades internacionales se debe a que por necesidades de la campaña electoral, es imperativo que Dilma cuente con la figura del actual presidente de Brasil a su lado. Pero mucho más, pareciera, que su sombra siguiese proyectandose para acompañar un posible período presidencial de Rousseff. Necesidades del imaginario colectivo en este caso.
Ocurre que, de acuerdo a las encuestas (y a variables desmenuzadísimas) se agota el caudal de transferencia de votos que Lula puede traspasarle a Dilma. Los números de DataFolha, una de las consultoras más serias, así lo explican: en diciembre, Lula tenía 11 puntos porcentuales para endosarle a Dilma y hoy este guarismo se estancó en 8. Mientras tanto, Dilma no se benefició con el trasvasamiento de votos "lulistas": en igual periodo, de 37% pasó a 38% en intención de voto.
Consultores avezados como Amaury de Souza han explicado que "sería ilusorio que las personas desinformadas de repente se encontraran con la información correcta y le dieran el voto a Dilma". De acuerdo a este analista político, nunca esos sectores (los más pobres y desinformados) optarán por Dilma por ser ella "la preferida de Lula", sino, en cambio, por acciones de campaña más directas. Justamente, en eso se embarcó la candidata Rousseff, cuando comenzó formalmente la campaña electoral con una larga caminata por San Pablo, bastión electoral que favorece al opositor José Serra (PMDB), ex intendente y gobernador del estado homónimo.
Como medida, bien drástica, para enfrentar, por un lado el amesetamiento del voto de Dilma, y, por el otro, el empate que se calcula seguirá en las encuestas ahora que se larga la campaña televisiva (Dilma no es buena ante las cámaras, y puede parecer de madera a la hora de los debates políticos), en el comando de campaña del PT ya estarían preparando el "plan B", por el que el presidente Luiz Inacio Lula da Silva pediría licencia en septiembre para acompañar a sol y sombra a la presidenciable petista. No es para menos: Lula, cuya imagen es descripta como de teflón (ningún escándalo "se le pega"), no sólo conserva más de 80% de aceptación dentro de Brasil sino que es el mandatario con mejor imagen del planeta.
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