«Centenares de hombres atacaron el cuartel general policial durante la noche. Rompieron los vidrios y destruyeron los muebles. El jefe de la Policía está rodeado en su vivienda y muchos agentes fueron desarmados.» Esto dijo ayer un cable de la agencia noticiosa «ANSA». Pero calma, lector. No se trató otra vez de Luis D'Elía y sus encolerizados piqueteros. Fue en realidad un jefe tribal afgano de la ciudad de Mazar-i-Sharif (provincia de Balkh), que ordenó a sus 600 milicianos vengar el decomiso de un camión con varias decenas de kilos de heroína. Si la aclaración alivia estamos complicados.
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