Crece la polémica: un panel independiente respaldó el veto de Facebook a Trump

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Lo fundamentó en el rol del entonces presidente de EE.UU. en el copamiento violento del Capitolio. Sin embargo, dijo que la sanción debería ser acotada en el tiempo y pidió su revisión. El republicano tronó de ira y referentes de su partido amenazaron a los gigantes de internet con futuras sanciones.

Washington - El panel de supervisión independiente designado por Facebook ratificó ayer el veto impuesto por la plataforma a Donald Trump, aunque pidió una próxima revisión de ese caso sensible, en una decisión con potencial de generar un alto impacto en la regulación del discurso on line. Ante eso, el expresidente estadounidense reaccionó con dureza y calificó de “vergüenza” las restricciones en su contra, a la vez que referentes republicanos amenazaron a las redes sociales con represalias.

La junta, cuyas decisiones son vinculantes para la red social, dijo que Trump creó con sus posteos un ambiente en el que era posible “un serio riesgo de violencia”. Se refirió así a sus comentarios previos al violento ataque al Capitolio de Estados Unidos perpetrado por miles de sus seguidores el pasado 6 de enero.

“Dada la seriedad de las violaciones y del persistente riesgo de violencia, estaba justificado que Facebook suspendiera las cuentas de Trump el 6 de enero y extendiera esa suspensión el 7 de enero”, dijo el panel.

Sin embargo, añadió que “no fue apropiado que Facebook impusiera una pena indeterminada y estandarizada de suspensión indefinida” y llamó a la plataforma a “revisar este asunto para determinar y justificar una respuesta proporcionada” en los próximos seis meses.

“No es aceptable que Facebook mantenga a un usuario fuera de su plataforma por un período indefinido, con ningún criterio sobre cuándo o si su cuenta será restablecida”, dijo el panel en su opinión presentada por escrito y añadió que la red social puede en todo caso “imponer una suspensión limitada en el tiempo o una eliminación de la cuenta”.

El veto a Trump afectó igualmente a su cuenta en Instagram, propiedad de Facebook. Y otras plataformas como Twitter y YouTube también removieron las cuentas del entonces presidente.

Conformado por juristas, expertos en política, periodistas y otras personas de distintas partes del mundo, el panel tomó su decisión en un momento en que las redes sociales luchan por permanecer abiertas al discurso político a la vez que filtran contenidos abusivos o que inciten a la violencia y la desinformación.

Momentos después de la decisión del panel, Trump emitió un comunicado reiterando sus infundadas denuncias de fraude en las elecciones que perdió ante el actual presidente estadounidense, Joe Biden, en noviembre y llamando a sus seguidores “a no rendirse jamás”.

“Lo que Facebook, Twitter y Google han hecho es una vergüenza absoluta y un bochorno para nuestro país”, dijo Trump en su texto, en el que añadió que los votantes estadounidenses no apoyarán tal limitación de la libertad de expresarse en internet.

“Le quitamos la libertad de expresión al presidente de Estados Unidos porque los locos de la izquierda radical tienen miedo a la verdad, pero la verdad saldrá a la luz de todos modos, más grande y más poderosa que nunca”, agregó Trump, en referencia a sus denuncias de fraude.

“¡La gente de este país no lo dejará pasar! Estos grupos de redes sociales deben pagar un precio político, y nunca más se les debe permitir que destruyan y diezmen nuestro proceso electoral”, acotó Trump.

En la misma línea, congresistas republicanos amenazaron con atacar a los gigantes tecnológicos si recuperan la mayoría en el Congreso en las elecciones parlamentarias de noviembre de 2022.

Si Facebook “puede prohibir al presidente Trump, todas las voces conservadoras podrían seguirlo”, tuiteó el líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy.

“Una mayoría republicana en la Cámara limitará el poder de los gigantes tecnológicos sobre nuestras palabras”, prometió.

“Disolverlos”, escribió en Twitter el congresista republicano de la Cámara, Jim Jordan, en alusión al tratamiento regulatorio que el Congreso debería dar a los gigantes tecnológicos, habitualmente acusados de monopolio.

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