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El mandatario, un historiador de 51 años que asumió el poder en octubre del 2003 en medio de una crisis social, dijo en un breve discurso a la nación que no rehuirá de su responsabilidad y que no dejará abandonados a los bolivianos.
"Quiero darle al país y al mundo la certidumbre que después de haber agotado todos los mecanismos que creí adecuados para encontrar soluciones, sobre la base de mi desprendimiento personal, no voy a rehuir mi responsabilidad de quedarme como presidente constitucional de la república", dijo en una alocución transmitida a las 11.00 hora local.
El Congreso de Bolivia rechazó por inconstitucional la petición de Mesa de adelantar en más de dos años, para el 28 de agosto, las próximas elecciones generales de presidente, legisladores y de miembros de una asamblea constituyente. Los comicios están previstos para junio del 2007.
El presidente, cuyo período termina en el 2007, lamentó "profundamente" la negativa parlamentaria y dijo que algunos congresistas prefirieron aferrarse a sus cargos en el congreso que buscar una solución política a la crisis que vive el país sudamericano, centrada en una controvertida Ley de Hidrocarburos.
El mandatario insistió en que su propuesta al legislativo, que pasaba por su alejamiento del poder, buscaba darle legitimidad a la política boliviana a través del voto de los ciudadanos.
"Yo quiero decirle al país que (...) estoy dispuesto a asumir ese camino más difícil ya que no tiene ningún sentido y ninguna lógica la entrega a quien sucede constitucionalmente en una situación que no resuelve la crisis," dijo el presidente, vestido con traje oscuro.
Si Mesa hubiese renunciado, el poder habría recaído sobre el presidente de la Cámara de Senadores, Hormando Vaca Díez.
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