Mientras se asoma al peligro de inviabilizarse económicamente debido a la Ley de Hidrocarburos promulgada la semana pasada, Bolivia suma otra acechanza: la de un nuevo quiebre de su habitualmente frágil institucionalidad. Al menos, así lo entienden en rara unanimidad el gobierno de Carlos Mesa, la oposición de izquierda y los observadores. Mientras, en medio de crecientes versiones de encuentros entre militares y civiles sediciosos, las fuerzas armadas suman día tras día pronunciamientos de tipo político, algo que está claramente por fuera de su misión esencial. En tanto, millares de indígenas, campesinos y mineros colapsaron ayer La Paz llevando una miríada de reclamos, en muchos casos contradictorios entre sí. Parece que en la efervescente Bolivia de hoy la debilidad congénita y las ambigüedades del gobierno de Carlos Mesa dan pie a que cualquier minoría logre sus objetivos mediante el chantaje y la acción directa. Habrá que estar atentos, porque ese país, clave para la región, se está jugando en estos días su futuro.
Aunque distaron de ser generalizados, ayer se produjeron algunos incidentes en La Paz, desde refriegas aisladas hasta agresiones a comercios. Preocupa la tendencia que comienza a tomar Bolivia.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
«Es evidente» que hay movimientos golpistas, «así nos reportan nuestros organismos de inteligencia», indicó Lara mientras se desarrollaban las múltiples protestas de campesinos, sindicalistas y sectores políticos.
El ministro no quiso dar nombres, pero mencionó a alguna gente «de una postura radical, una postura de descentralización».
Dicho esto,
Las fuerzas armadas emitieron un comunicado en el que pidieron a los diversos sectores que «conduzcan sus justas demandas por la vía del diálogo y la concertación».
Dejá tu comentario