17 de julio 2008 - 00:00

Desconsuelo en Israel: Hizbollah le devolvió muertos a sus soldados

El líder de Hizbollah, Hassan Nasrallah, salió ayer de su escondite para recibir con honoresal terrorista Samir Kuntar, que, entre otros crímenes, en 1979 mató a golpes a una niñaisraelí de 4 años (arriba). El traslado de los cuerpos de 199 milicianos de ese grupo y palestinosfue seguido por una multitud en las rutas del Líbano (abajo izquierda). La llegadade los soldados muertos causó dolor en Israel (abajo derecha).
El líder de Hizbollah, Hassan Nasrallah, salió ayer de su escondite para recibir con honores al terrorista Samir Kuntar, que, entre otros crímenes, en 1979 mató a golpes a una niña israelí de 4 años (arriba). El traslado de los cuerpos de 199 milicianos de ese grupo y palestinos fue seguido por una multitud en las rutas del Líbano (abajo izquierda). La llegada de los soldados muertos causó dolor en Israel (abajo derecha).
Frontera israelí-libanesa (EFE, Reuters, AFP, ANSA, DPA) - Israel logró ayer, al liberar a cinco terroristas presos, lo que no consiguió en los 34 días de feroz guerra con Hizbollah en el verano boreal de 2006: traer a dos soldados secuestrados a casa. Pero el precio fue el horror de comprobar lo que se temía, cuando el grupo chiita libanés mostró a las cámaras de televisión dos féretros negros: los jóvenes soldados Ehud Goldwasser y Eldad Regev, cuya captura dio origen a la contienda, estaban muertos.

En Beirut, una multitud recibió triunfalmente a los cinco «héroes» liberados, entre ellos, Samir Kuntar, condenado en 1980 por un triple asesinato de israelíes, en claro contraste con las declaraciones del primer ministro hebreo, Ehud Olmert, que desde Jerusalén calificó a este prisionero de «bestia humana».

Kuntar, miembro del Frente de Liberación de Palestina (FLP), estaba sentenciado a cinco penas de cadena perpetua y a 47 años adicionales de cárcel por haber asesinado en 1979 a un policía, un civil y su hija de menos de cuatro años en el norte de Israel.

  • Restos

  • Hizbollah entregó por su parte al Estado hebreo los restos de los soldados israelíes Goldwasser y Regev, en conformidad con el acuerdo negociado con la mediación de Alemania y puesto en práctica por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

    Las autoridades confirmaron acto seguido la identidad de los dos militares, cuya captura en la frontera israelí-libanesa a manos del movimiento chiita el 12 de julio de 2006 desembocó en una ofensiva israelí de 34 días en Líbano. Unas 1.200 personas murieron por parte libanesa, la mayoría civiles, mientras que Israel sufrió 160 bajas, casi todas de soldados.

    Al tiempo que Líbano celebraba el regreso de los cinco prisioneros, el pesar se apoderó de los israelíes. Reunidas ante los domicilios de las familias Goldwasser y Regev en el norte de Israel, numerosas personas rompieron en llanto al ver las imágenes de los ataúdes retransmitidas por televisión. Para peor, todo indica que los cadáveres de los soldados fueron profanados. Imágenes difundidas por medios ligados a Hizbollah, tomadas desde cerca, muestran restos humanos carbonizados, mezclados con equipamiento militar israelí, como fusiles, y botellas de agua. En Israel, durante toda la jornada, se repitieron en los espacios radiales las condenas a la profanación de los cuerpos.

    La televisión estatal israelí informó que el examen de los cadáveres indica que los dos soldados murieron inmediatamente tras haber sido capturados por Hizbollah. Según el informe forense, Goldwasser fue herido en el pecho y Regev en el pecho y en la cabeza durante el ataque transfronterizo en el que la milicia pro iraní y pro siria los capturó.

    Otro hecho doloroso para los israelíes fue también la presencia de Kuntar entre los libaneses liberados. «¡Qué vergüenza la nación que celebra la liberación de una bestia humana que destrozó el cráneo de un bebé de cuatro años!», clamó Olmert.

    Los otros prisioneros libaneses liberados, Jodr Zaidan, Maher Kurani, Mohammad Sorur y Husein Suleiman, todos ellos combatientes de Hizbollah, fueron detenidos por el ejército israelí durante la guerra de 2006.

    Además de los prisioneros, Israel transfirió a Líbano, a cambio de los restos de sus dos soldados, los cuerpos de 199 milicianos palestinos y de Hizbollah.

    En Líbano, donde ayer se decretó día festivo, el júbilo era palpable. Primero, en Naqura, una localidad fronteriza con Israel, los cinco prisioneros fueron recibidos como héroes a su llegada en vehículos de la Cruz Roja procedentes del Estado hebreo. Los responsables de Hizbollah habían preparado especialmente para la ocasión una ceremonia en su honor.
    Subidos a helicópteros del Ejército libanés, los cinco hombres aterrizaron posteriormente en el aeropuerto de Beirut, donde fueron recibidos por el jefe de Estado, Michel Suleiman.

    Una inmensa multitud les dio finalmente la bienvenida en la periferia sur de la capital, bastión chiita de Hizbollah, cuyas calles se presentaban colmadas de banderas. El jefe del movimiento, Hassan Nasrallah, obligado a vivir escondido por razones de seguridad, se desplazó para recibirlos. Fue su primera aparición pública desde el fin de la guerra.

    «El tiempo de las derrotas ha pasado, ahora es el tiempo de las victorias», clamó Nasrallah. «La resistencia se ha convertido en una fuerza que jamás podrá ser vencida», apostilló por su parte Kuntar.

    Hizbollah presentó el canje de ayer como un triunfo, en la misma línea de lo que proclamó tras la guerra de hace dos años, cuando Israel no pudo, pese a su violento ataque militar, forzar la devolución de los soldados ni el desmantelamiento del grupo terrorista. Busca de ese modo legitimar su carácter de grupo armado, amparado por la ley libanesa como herramienta contra la ocupación israelí -hoy sólo residual en un pequeño enclave conocido como Granjas de Chebaa-, pero cuestionado a partir de su violenta irrupción de mayo último, cuando se enfrentó a las fuerzas antisirias y pro occidentales poniendo una vez más al Líbano al borde de una guerra civil.

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