Desconsuelo en Israel: Hizbollah le devolvió muertos a sus soldados
-
Irán presentó sus condiciones para la paz y abandonó el encuentro sin cruzarse con EEUU
-
EEUU habilitó que Venezuela le pague a la defensa de Maduro
El líder de Hizbollah, Hassan Nasrallah, salió ayer de su escondite para recibir con honores
al terrorista Samir Kuntar, que, entre otros crímenes, en 1979 mató a golpes a una niña
israelí de 4 años (arriba). El traslado de los cuerpos de 199 milicianos de ese grupo y palestinos
fue seguido por una multitud en las rutas del Líbano (abajo izquierda). La llegada
de los soldados muertos causó dolor en Israel (abajo derecha).
Al tiempo que Líbano celebraba el regreso de los cinco prisioneros, el pesar se apoderó de los israelíes. Reunidas ante los domicilios de las familias Goldwasser y Regev en el norte de Israel, numerosas personas rompieron en llanto al ver las imágenes de los ataúdes retransmitidas por televisión. Para peor, todo indica que los cadáveres de los soldados fueron profanados. Imágenes difundidas por medios ligados a Hizbollah, tomadas desde cerca, muestran restos humanos carbonizados, mezclados con equipamiento militar israelí, como fusiles, y botellas de agua. En Israel, durante toda la jornada, se repitieron en los espacios radiales las condenas a la profanación de los cuerpos.
La televisión estatal israelí informó que el examen de los cadáveres indica que los dos soldados murieron inmediatamente tras haber sido capturados por Hizbollah. Según el informe forense, Goldwasser fue herido en el pecho y Regev en el pecho y en la cabeza durante el ataque transfronterizo en el que la milicia pro iraní y pro siria los capturó.
Otro hecho doloroso para los israelíes fue también la presencia de Kuntar entre los libaneses liberados. «¡Qué vergüenza la nación que celebra la liberación de una bestia humana que destrozó el cráneo de un bebé de cuatro años!», clamó Olmert.
Los otros prisioneros libaneses liberados, Jodr Zaidan, Maher Kurani, Mohammad Sorur y Husein Suleiman, todos ellos combatientes de Hizbollah, fueron detenidos por el ejército israelí durante la guerra de 2006.
Además de los prisioneros, Israel transfirió a Líbano, a cambio de los restos de sus dos soldados, los cuerpos de 199 milicianos palestinos y de Hizbollah.
En Líbano, donde ayer se decretó día festivo, el júbilo era palpable. Primero, en Naqura, una localidad fronteriza con Israel, los cinco prisioneros fueron recibidos como héroes a su llegada en vehículos de la Cruz Roja procedentes del Estado hebreo. Los responsables de Hizbollah habían preparado especialmente para la ocasión una ceremonia en su honor.
Subidos a helicópteros del Ejército libanés, los cinco hombres aterrizaron posteriormente en el aeropuerto de Beirut, donde fueron recibidos por el jefe de Estado, Michel Suleiman.
Una inmensa multitud les dio finalmente la bienvenida en la periferia sur de la capital, bastión chiita de Hizbollah, cuyas calles se presentaban colmadas de banderas. El jefe del movimiento, Hassan Nasrallah, obligado a vivir escondido por razones de seguridad, se desplazó para recibirlos. Fue su primera aparición pública desde el fin de la guerra.
«El tiempo de las derrotas ha pasado, ahora es el tiempo de las victorias», clamó Nasrallah. «La resistencia se ha convertido en una fuerza que jamás podrá ser vencida», apostilló por su parte Kuntar.
Hizbollah presentó el canje de ayer como un triunfo, en la misma línea de lo que proclamó tras la guerra de hace dos años, cuando Israel no pudo, pese a su violento ataque militar, forzar la devolución de los soldados ni el desmantelamiento del grupo terrorista. Busca de ese modo legitimar su carácter de grupo armado, amparado por la ley libanesa como herramienta contra la ocupación israelí -hoy sólo residual en un pequeño enclave conocido como Granjas de Chebaa-, pero cuestionado a partir de su violenta irrupción de mayo último, cuando se enfrentó a las fuerzas antisirias y pro occidentales poniendo una vez más al Líbano al borde de una guerra civil.



Dejá tu comentario