Las conversaciones que Bush mantendrá en Corea del Sur estarán dominadas por el tema de las relaciones con el régimen de Pyongyang. El presidente sudcoreano
El discurso sobre «el eje del mal» que hizo en enero el presidente norteamericano acusando a Corea del Norte, Irán e Irak de querer producir armas de destrucción masiva, reforzó los temores de los dirigentes surcoreanos de ver reducidos a cero los esfuerzos de normalización con el sombrío régimen de Pyongyang. A su vez, el régimen estalinista norcoreano trató a Bush de jefe «de un imperio del mal» y la prensa oficial lo tildó del «más belicista y rencoroso» de los presidentes norteamericanos.
Sin embargo, Bush moderó su posición el lunes en Japón respecto de Irak, Irán y Corea del Norte, al declarar que Washington desea «resolver todos los problemas de manera pacífica», pero que conserva «todas las opciones sobre la mesa».
El presidente estadounidense, que hoy debe ir hasta la frontera con Corea del Norte, provocó que las autoridades de Seúl desplegaran a sus fuerzas en un importante dispositivos de seguridad. Los militares sudcoreanos y norteamericanos que se encuentran en permanencia en Corea del Sur aumentaron la vigilancia de la Zona desmilitarizada (DMZ), que separa a ambas Coreas desde el fin de la guerra en 1953.