ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

30 de octubre 2003 - 00:00

Discurso gravitante del presidente brasileño

Alguna vez lo citó Fernando de la Rúa, sin convicción. También al pasar lo señaló Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner lo mencionó en su discurso reciente en la ONU, pero quien realmente se apropió del tema como vocero mundial es el pícaro mandatario brasileño Lula Da Silva. Decirle con fuerza al mundo desarrollado que si quiere cobrarles a los países emergentes sus cuantiosas deudas debe levantar los subsidios para que puedan venderle, para que los agricultores subsidiados de Estados Unidos o Europa inclusive no le arrebaten mercados, es una argumentación de inusitada fuerza. En primer lugar, es justo y es lógico, aunque sea difícil de lograr, porque de esos subsidios dependen miles de votos de los políticos de grandes países. «Mil millones de dólares por día» de subsidios a la menor eficiencia en producción primaria de Estados Unidos, Europa y Japón, declaró Lula en San Pablo. Más de 400.000 millones de dólares por año que saldarían todas las deudas de los países subdesarrollados en un par de años. No está probado que la «política del portazo» sea la mejor para eliminar o bajar los subsidios de las grandes naciones a sus productores. Se la aplicó en la reciente reunión de la Organización Mundial del Comercio en Cancún, que terminó en ruptura. Pareciera mejor la «política de la persistencia en el reclamo» que están aplicando Lula y, con mucho menos insistencia, la Argentina. Reproducimos aquí más ampliamente lo más importante del reciente discurso del presidente de Brasil sobre el tema en el Congreso de la Internacional Socialista.

ver más
Luiz Inácio Lula Da Silva el lunes, al hablar en la apertura del Congreso de San Pablo de la Internacional Socialista. En su discurso diferenció a su Partido de los Trabajadores de la izquierda tradicional y ratificó su política moderada.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Cuando la Internacional Socialista fue creada, en 1899, en el Congreso de París, reunió partidos y organizaciones que luchaban intensamente contra los efectos socialmente excluyentes de la Revolución Industrial en los países más desarrollados. Allí estaban muchos de los mejores combatientes de las clases trabajadoras que durante décadas lucharon para unir los ideales de la democracia económica y social al de la democracia política.





El principal de esos desafíos es vencer las enormes desigualdades sociales que marcan nuestro país. De ellas surge el estigma del hambre. En la práctica, nuestra democracia excluyó de la ciudadanía efectiva a decenas de millones de hombres y mujeres. Nuestra soberanía fue y es amenazada.





















Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias