Dolor y bronca en misa por víctimas
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Familiares
de las
víctimas del
accidente
aéreo del
martes en
San Pablo
cortaron la
calle
aledaña al
aeropuerto
de Congonhas,
la que
atravesó el
avión
siniestrado,
en señal de
protesta.
Cuando Scherer pidió que los fieles se saludasen y se deseasen paz, se produjeron conmovedoras escenas entre parientes de las víctimas que no consiguieron contener el llanto al abrazarse fuertemente unas con otras en una sentida expresión de solidaridad.
«Yo quiero que tengan más cuidado con la vida de las personas. Los políticos tiene que tener más responsabilidad y la gente tiene que dejar de sufrir», dijo entrecortada por sollozos Aparecida Teixeira, de 39 años, viuda de uno de los pasajeros del avión de TAM.
Al intentar aterrizar en la pista principal de la terminal de Congonhas, a una velocidad inusual, el Airbus 320 giró a la izquierda, salió del aeropuerto, localizado en plena zona urbana, y explotó al estrellarse contra un edificio de la propia compañía, que rápidamente quedó envuelto en llamas.
En medio de la eucaristía, cuando los feligreses comulgaban,el alcalde Kassab anunció a la prensa que ordenará la construcción de un plaza, en el lugar de la tragedia, en homenaje a las víctimas.
«Quiero expresar mi solidaridad y mis condolencias a todas las personas, a todas las familias que perdieron a algunos de sus miembros y amigos en este accidente», expresó el arzobispo al finalizar la ceremonia religiosa, pero recordó a los participantes que « nuestras vidas están en las manos de Dios».
Los fieles no se conformaban: «En manos de Dios y de los que administran el gobierno, los aeropuertos y las líneas aéreas, que nos ocultan lo que realmente pasa», se desahogó Decio da Luz Moreira, de 41 años, conductor de ómnibus presente en la misa, sin ocultar su indignación ni su dolor.
«Si nuestros destinos dependen del Señor, espero que todas las víctimas estén en el Cielo, porque ellas eran inocentes; el accidente tuvo causas y las causas tienen culpables. Que Dios ayude a todos», manifestó entre llantos María Aparecida da Freitas, de 63 años, al salir de la catedral visiblemente conmovida.




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