Un mes después del famoso memorándum, Bush firmó una orden en la que declaró que tenía la autoridad para eludir los acuerdos de Ginebra y reservarse el derecho a hacerlo «en éste o en futuros conflictos». La orden también afirmaba que el tratamientode los prisioneros de guerra según la Convención de Ginebra no se aplicaba a la red Al-Qaeda ni a los «combatientes ilegales» de los talibanes.
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