El nombre de Dios llegó a la Corte Suprema de los EE.UU. en una batalla legal sin precedentes en aquel país. Cuando el abogado ateo Michael Meadow descubrió que su hija de 10 años, cada mañana, debía recitar en el colegio las palabras «una nación bajo Dios» en el «Pledge of Allegiance» (equivalente a nuestra Promesa a la Bandera), demandó al distrito escolar de Sacramento, California, al Congreso de los EE.UU. y a la misma Casa Blanca, porque en esa oración -a su criterio- se establecía implícitamente la unión entre la Iglesia y el Estado que excluye la Constitución norteamericana en la Primera Enmienda y porque, según expresó, «la maestra le inculca a mi hija creencias que están en contra de su educación».
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Si bien en primera instancia Meadow ganó parcialmente esa batalla al lograr que un tribunal local eximiera a su hija de ese juramento, el abogado apeló ante la Corte porque su intención final era que el Estado retirara la expresión «bajo Dios» del jura-mento. Allí perdió, aunque por razones que no van al fondo de la cuestión. En su nuevo fallo, la Corte dijo que todos los escolares continuarán expresando «bajo Dios» pero eludiendo los argumentos de Meadow: sólo dijo que el abogado no tenía «la custodia total de su hija» (está divorciado, con un régimen de visitas restringido), y que por lo tanto no podía representarla legalmente.
Pero el debate continúa en muchos ámbitos. Uno de los jueces de la Corte Suprema manifestó que tal expresión no representaba una afirmación de religiosidad sino más bien de tradición nacional. «Con ese criterio -opinó- habría que retirar de todos los billetes de dólar la expresión 'In God We Trust' ('En Dios Creemos').» En realidad, la expresión «bajo Dios» no figuraba originalmente en el «Pledge of Allegiance», y recién fue incorporada en 1954, en plena Guerra Fría, cuando el gobierno norteamericano quería diferenciarse bien de los «comunistas ateos».
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