Chamchamal, Irak (AFP) - Los kurdos, que soñaban con ver a sus combatientes peshmergas liberar Kirkuk al mismo tiempo que los soldados estadounidenses tomaban Bagdad, están siendo obligados a mantenerse a distancia de su proclamada capital por los propios norteamericanos, que no quieren abrir un frente de conflicto con Turquía. Mientras tanto, las posiciones del ejército iraquí dentro de la ciudad seguían siendo blanco de los bombardeos estadounidenses.
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Desde que comenzó el conflicto, los kurdos han avanzado varios kilómetros en dirección de Kirkuk (300 kilómetros al norte de Bagdad). Los turcos y los estadounidenses están sumamente preocupados ante la posibilidad de que cientos de peshmergas provenientes de Erbil, al norte, y de Suleimaniyah, al este, a bordo de camionetas, se lanzaran contra Kirkuk.
Los miedos estriban en el hecho de que el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), que mediante las armas arrebataron el Kurdistán de la autoridad de Saddam Hussein en 1991, habían decidido que su capital sería Kirkuk, ciudad históricamente kurda a pesar de la arabización forzada impuesta por Saddam.
Sin embargo, por el momento nada de eso ocurrió a pesar de que se han librado duras batallas por Basora o Kerbala en el sur, e incluso en Mossul, a 150 kilómetros al noroeste de Kirkuk.
«Aún no hubo enfrentamiento directo», dijo un kurdo que espera con ansiedad la hora de la batalla. «Todo depende de los estadounidenses, no tienen más que dar instrucciones y partiremos», explica un peshmerga cerca de un puente que los iraquíes dinamitaron para proteger su retirada.
Los aviones estadounidenses sobrevuelan regularmente la zona y atacan objetivos cercanos de Kirkuk, orientados por miembros de unidades especiales estadounidenses.
Por orden de los estadounidenses, el sector está cercado. Nadie confirma que el ejército iraquí haya abandonado Kirkuk. En todo caso, según los kurdos, la batalla por la ciudad aún no ha comenzado. «Kirkuk es particular», explica el general Mam Rustom, uno de los jefes militares kurdos que en contra de todo pronóstico se muestra dócil ante las consignas estadounidenses. Según él, éstos no quieren irritar a los turcos, preocupados ante la posibilidad de que el control del gran centro petrolero de Kirkuk pueda beneficiar la reivindicación independentista kurda.
El hecho de que los turcos hayan impedido el envío por tierra de tropas y de material para abrir otro frente en el norte de Irak es una preocupación más de los estadounidenses, obligados a entenderse con los kurdos. De cualquier manera, los combatientes kurdos no han renunciado a su esperanza. «Es en Kirkuk que late el corazón del Kurdistán», dijo uno de ellos. «Hemos esperado 14 años (...) podemos esperar todavía cuatro días», precisa el general Rustom.
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