Altos funcionarios de Estados Unidos sostuvieron contactos reservados con el círculo más cercano del gobierno cubano mientras la administración de Donald Trump incrementó la presión sobre el régimen y evaluó posibles salidas políticas en la isla. La interlocución, liderada por el secretario de Estado Marco Rubio, se enfocó en un interlocutor fuera de los carriles diplomáticos formales: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y custodio de Raúl Castro, en un escenario atravesado por crisis energética, escasez generalizada y señales de colapso estatal.
EEUU mantiene encuentros secretos con el nieto de Raúl Castro
El vínculo se daría directamente con Marco Rubio. El objetivo de ambos sectores es abrir un canal directo entre los países.
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Raúl Castro y su nieto.
Según informó Axios en base a tres fuentes vinculadas al proceso, la Casa Blanca interpretó que Raúl Castro, a sus 94 años, continuó como el decisor central del poder real en Cuba, más allá de la estructura institucional visible.
Bajo esa lectura, el vínculo con su entorno inmediato apuntó a abrir un canal directo para discutir alternativas sin pasar por los mecanismos tradicionales entre gobiernos.
Un diálogo fuera de los canales oficiales entre EEUU y Raúl Rodríguez Castro
El acercamiento entre Rubio y Rodríguez Castro, conocido como “Raulito” y apodado “El Cangrejo” en ámbitos políticos —por una deformidad en la mano—, resultó inusual por su carácter extraoficial. En el esquema que describió Axios, el contacto evitó interlocutores formales del gobierno cubano y privilegió a figuras del núcleo familiar y de seguridad del exmandatario.
Un alto funcionario de la administración Trump, citado off the record por Axios, sostuvo que los intercambios no funcionaron como “negociaciones”, sino como “discusiones sobre el futuro”. En ese marco, remarcó: “Nuestra posición -la posición del gobierno estadounidense- es que el régimen debe irse” y agregó que el presidente “aún no decidió cómo sucederá”. En paralelo, el artículo señaló que Rubio mantuvo el contacto directo con Rodríguez Castro.
Dentro del entorno del secretario de Estado, evaluaron que “Raulito”, de 41 años, y su círculo representaron una generación más joven con perfil empresario, que tomó nota del deterioro del sistema y miró con mejores ojos una normalización con Estados Unidos.
El trasfondo de estos contactos se desarrolló en un contexto de deterioro profundo en Cuba. Se registraron cortes de luz extendidos, hospitales que restringieron cirugías, faltantes severos de alimentos y combustibles, y un turismo golpeado. En esa narrativa, la crisis se agravó tras la captura y extradición que, según el texto, realizó Trump sobre el “narcodictador” venezolano Nicolás Maduro, quien abastecía a la isla con petróleo sin costo. Además, el 29 de enero, Trump amenazó con sanciones a México, señalado como principal proveedor de crudo luego de la salida de Venezuela.
De acuerdo con fuentes del gobierno estadounidense citadas por Axios, el impacto de esa operación también repercutió en La Habana: el artículo afirmó que murieron al menos 32 oficiales de inteligencia y militares cubanos que custodiaban al líder venezolano, sin bajas estadounidenses. En la misma línea, la decisión de Washington de sostener a ciertos colaboradores de Maduro —como la vicepresidenta Delcy Rodríguez— fue interpretada por sectores cubanos como una señal de que Trump y Rubio consideraron acuerdos parciales con fragmentos del establishment, en lugar de una ruptura total.
El rol de “Raulito” y la conexión con el poder económico y militar
En la estrategia que reconstruyó Axios, los asesores de Trump vieron a Rodríguez Castro como un actor clave. Su cercanía con Raúl Castro —fue jefe de seguridad personal del exmandatario— y su ascendencia sobre áreas vinculadas al conglomerado empresarial militar GAESA lo ubicaron como una figura central para discutir escenarios de transición.
Una fuente próxima a las conversaciones describió que el trato entre Rubio y Rodríguez Castro fue “sorprendentemente” cordial, con foco en el futuro y un registro compartido asociado a la diáspora cubana en Miami. Otra fuente citada por Axios afirmó: “No hay diatribas políticas relativas al pasado. Se habla del futuro” y comparó el tono con una charla entre “gente común en las calles de Miami”.
En ese marco, el informe planteó que los estrategas estadounidenses analizaron un patrón similar al aplicado en Venezuela: permitir continuidad selectiva de ciertos cuadros para evitar una purga masiva, en línea con las consecuencias negativas que dejó la desarticulación total del aparato estatal en Irak en 2003. Bajo ese enfoque, incluso Raúl Castro y familiares podrían negociar permanecer en Cuba, una posibilidad que podría generar rechazo entre sectores del exilio en Miami.
El rol de Díaz-Canel
Según el texto, Rubio no se reunió con Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente formal de Cuba, ni con otros altos funcionarios. La administración estadounidense los describió como “burócratas del partido comunista” sin capacidad para negociar cambios de fondo.
Consultado por Axios, el gobierno cubano envió un comunicado que ya había dirigido a un periodista mexicano, donde negó la existencia de un diálogo formal de alto nivel con Estados Unidos, incluyendo supuestos contactos con Alejandro Castro Espín, vinculado a inteligencia. El mensaje afirmó: “No hay un diálogo de alto nivel entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba. Ni siquiera existe diálogo a nivel intermedio. Ha habido intercambios de mensajes”. También sostuvo que los contactos actuales se limitaron a “conversaciones habituales”, incluso menores a las que se registraron hasta un año atrás.
Por su parte, el Departamento de Estado no negó que Rubio conversara con “Raulito” Castro, aunque un portavoz declinó realizar comentarios.
Obstáculos políticos y el factor Miami
La Casa Blanca evaluó que convertir a Cuba en un aliado resultaría más complejo que el caso venezolano, por el estado crítico de la economía cubana y la ausencia de una oposición estructurada. A eso se sumaron posiciones duras tanto en La Habana como en Miami, donde persistió una desconfianza histórica.
En paralelo, congresistas republicanos de origen cubano pidieron procesar a Raúl Castro por el derribo, en 1996, de una avioneta en la que viajaban miembros de una organización humanitaria estadounidense. La administración Trump no informó una respuesta a esa solicitud.
Rubio mantuvo reserva pública sobre estos contactos. Sin embargo, durante una audiencia en el Senado el mes previo, recordó que la ley estadounidense promueve el cambio de régimen en Cuba si el gobierno no libera presos políticos, no habilita prensa libre y no convoca a elecciones.
La palabra de Donald Trump
Sin una decisión definitiva anunciada por la Casa Blanca, el artículo indicó que Rubio continuó elaborando alternativas para Trump, quien concentró su agenda en conflictos vinculados a Irán y Ucrania.
En ese contexto, el presidente afirmó: “Cuba es ahora mismo una nación fallida, ni siquiera tienen combustible para que los aviones despeguen“, según la reconstrucción del texto.
Además, Trump agregó: “Estamos hablando con Cuba en este momento... y deberían hacer un acuerdo sin demora”, en una señal de que el canal reservado siguió activo mientras Washington sostuvo la presión y exploró escenarios de reconfiguración política en la isla.
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