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Cercana al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, Clarke -cuya partida se hará efectiva el 20 de junio- tuvo un papel preponderante en la decisión de incorporar alrededor de 600 periodistas estadounidenses y extranjeros en el cuerpo expedicionario estadounidenses durante la guerra en Irak.
"Ella nos va a hacer mucha falta", declaró en un comunicado Rumsfeld, alabando sus talentos de "dotada comunicadora".
"Durante sus dos destacables años de servicio en el departamento de Defensa, creo innumerables métodos para transmitir la visión de nuestras fuerzas combatientes y sensibilizar a todos los estadounidenses con su coraje, su dedicación y su profesionalismo", dijo el jefe del Pentágono.
Por su parte, Clarke precisó que dejaba su puesto por razones personales sobre las que no quiso explayarse. "Parto con pesar, porque esta ha sido la mejor experiencia profesional de mi vida. Fue un placer trabajar con nuestros hombres y mujeres uniformados", dijo.
El Pentágono indicó que las funciones de Clarke, que ostentaba el cargo de secretaria adjunta de Defensa para relaciones públicas, serán provisionalmente tomadas por otro consejero de Rumsfeld, Lawrence di Rita, a la espera de un sucesor.
A diferencia de la mayoría de sus predecesores, Clarke no tenía experiencia previa en el terreno militar y trabajó por un lapso corto como periodista.
Sin embargo, adquirió una larga experiencia en política, gobernación y relaciones públicas al ayudar a Rumsfeld a venderle a los estadounidenses la necesidad de una acción militar, para hacer frente a las nuevas amenazas como el terrorismo y las armas de destrucción masiva.
Ella se desempeñó, además, como secretaria de prensa durante la infructuosa campaña de reelección en 1992 del ex presidente George Bush, luego como portavoz de la oficina del Representante estadounidense del Comercio y como edecán del senador John McCain.
Era responsable de la oficina de Washington de Hill and Knowlton, una firma de relaciones públicas y lobby cuando Rumsfeld la contrató como secretaria de prensa.
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