11 de septiembre 2007 - 00:00

El anuncio es fruto de una dura interna militar

Washington - En una reunión celebrada la semana pasada, y que duró dos horas, el presidente George W. Bush escuchó recomendaciones diametralmente opuestas por parte de las dos máximas autoridades militares en Irak: el general David Petraeus, y su teórico superior, el almirante William Fallon, el jefe de operaciones militares en Oriente Próximo.

Mientras Petraeus insistía en mantener el actual volumen de tropas en Irak durante el máximo tiempo posible, Fallon sugería la necesidad de asumir mayores riesgos, iniciando un repliegue militar sustancial. Para el almirante, el esfuerzo bélico en Irak ha hecho que el país no tenga suficientes efectivos para hacer frente a otras amenazas potenciales, tanto dentro de la región de Oriente Próximo como en otros continentes.

De acuerdo con varias filtraciones que han ido apareciendo en los periódicos estadounidenses, la posición de Fallon refleja la de buena parte de la cúpula militar norteamericana.

Estas divergencias no son nada nuevo, pues desde el inicio de la aventura iraquí, ésta se ha caracterizado por generar importantes divisiones en el seno del estamento militar.

  • Preocupación

  • Y la decisión de enviar 30.000 soldados más a Irak, contestada por varios miembros del Estado Mayor, no fue una excepción.

    Algunos altos cargos del Ejército han mostrado en privado su preocupación por las consecuencias del enorme esfuerzo bélico realizado en Irak, de donde miles de soldados están volviendo con graves lesiones de orden físico y psicológico.

    Además, según sus previsiones, será imposible mantener el presente nivel de tropas más allá de abril sin modificar la promesa de Bush a las tropas de dar un año de descanso entre turno y turno en Irak.

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