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Su padre, Aristides Inácio Da Silva, dejó la ciudad unas semanas antes del nacimiento de Lula y se marchó para Santos, en el estado de San Pablo. Dejó en Pernambuco a su mujer, Eurídice Ferreira de Mello, doña «Lindu», y a siete hijos de los que Luiz sería el menor.
En Santos, don Aristides se unió a una adolescente de 16 años, «Mocinha», prima de su esposa y a quien había sacado de Vargem Grande para ayudarlo en las tareas domésticas. Con esta nueva mujer el padre de Lula iba a tener 8 hijos más.
De regreso al pueblo, embarazó nuevamente a doña «Lindu» y volvió después a San Pablo, con su hijo mayor, Jaime. El muchacho llamó desde Santos, a espaldas del padre, a su madre y sus hermanos para reunirse con ellos. La señora vendió todo y viajó con sus hijos, en un camión, durante 13 días hasta llegar a Santos, con la intención de rehacer su familia. La historia la ubica en el lugar casi mítico de la «nordestina» sufrida y heroica. Lula tenía 7 años.
Para 1963 Luiz Inácio Da Silva perdió un dedo cuando un compañero operó mal una prensa transversal en Metalúrgica Independencia, también en Villa Carioca. Ya había ayudado a su madre como vendedor de maní y repartidor de ropa de tintorería. Comenzó a leer y a escribir a los 10 años y dejó el primario en 1956, cuando completó cuarto grado. Después de hacer un curso de tornería, se incorporó a la fábrica de guardabarros Marte. Su dueño, Miguel Serrano, lo vota hasta hoy, a los 84 años. De allí pasó a otra fábrica de autopartes, de la que quedó desempleado durante 6 meses. Se radicó en San Bernardo do Campo, en el gran San Pablo, donde todavía hoy vive. Lo contrató la Metalúrgica Villares, donde incentivado por su hermano José se incorporó al movimiento sindical.
En menos de 10 años lideró esa fuerza arraigada en el cordón industrial paulista. En 1975 y 1978 ganó las elecciones del Sindicato de Metalúrgicos de San Bernardo y Diadema. Corrían los años de la dictadura militar, que lo llevó a prisión en 1980 después de liderar una huelga prolongada. Fue luego de ese cautiverio que el nombre Lula se incorporó al inventario de la política nacional brasileña. Una de las consecuencias de estos episodios fue que en 1980, en el atrio de la iglesia Nuestra Señora de Sion, se fundó el Partido dos Trabalhadores, PT. Participaron no sólo obreros, también dirigentes estudiantiles e intelectuales. Una versión muy divulgada dice que Lula, un hombre genuinamente de izquierda, fue sin embargo el instrumento del jefe de la Casa Civil del gobierno militar, general Golbery do Couto e Silva, quien pensó que el ascenso del sindicalista podría dividir a la izquierda liderada por Leonel Brizola, recién llegado del exilio y con la perspectiva de erigirse como gobernador de Rio de Janeiro.
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