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Desde la sombra ha manejado, sobre todo en los tres últimos años, centenares de millones de dólares en una poderosa red de financiación en torno de los atentados suicidas.
Diversos documentos demuestran su vinculación con los hombres y mujeres bomba, los suicidas radicales islámicos financiados por países como Arabia Saudita, Irán y sobre todo Irak, hasta la caída del régimen de Saddam.
Los exiliados iraquíes lo acusan de crímenes contra la humanidad por su brutal papel en la represión de la rebelión chiíta del Sur, en 1991, y de matar a miles de kurdos en el norte del país, en 1988. De sus presuntas conexiones con el terrorismo internacional, ya se sabía que en 1998 albergó a un enviado especial de
Arabia Saudita entrega 5.300 dólares por cada uno de los suicidas, siempre que su acción esté suficientemente acreditada. La Autoridad Palestina dona 2.000 dólares, e Irak, hasta la fecha del comienzo de la guerra, 25.000 dólares. Bagdad entregaba 10.000 dólares por cada kamikaze palestino. Conforme avanzaba la Intifada, aumentó el precio. En agosto de 2001, la cantidad ascendía a 15.000 dólares. En 2000, la suma subía hasta los 25.000 dólares.
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