6 de septiembre 2006 - 00:00

El imparable ascenso del "hijo desobediente"

México DF (AFP, EFE, LF) - Felipe Calderón, con 43 años, llega a la presidencia de México tras unos cerrados comicios y una profunda crisis poselectoral desencadenada por la izquierda, que dificultará el inicio del mandato de seis años de este joven político con una corta experiencia gubernamental. Apasionado de la política y de su partido, Acción Nacional (PAN), Calderón gusta presentarse como «el hijo desobediente», a pesar de que su formación es católica, tradicional y conservadora,un puro producto panista. Hace un año era un nombre poco conocido por los votantes y en cinco meses consiguió igualar la competencia y acabar derrotando en medio de una gran polémica legal-electoral al que era el gran favorito para las elecciones del 2 de julio, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

«Yo soy como los caballos buenos, que arrancan desde atrás», asegura sin perder su sonrisa este ex diputado federal y ex ministro de Energíade clase alta, aspecto pacífico y discurso nada exaltado, al menos en público.

Durante la campaña, Calderón operó un cambio de estrategia para adoptar un tono agresivo en el que presentaba a López Obrador como «un peligro». Se presentó como el cambio dentro del conservadurismo gobernante y, tal como hizo en su momento José María Aznar en España con su Partido Popular, presentó al PAN como moderno, moderado y garante del libre mercado.

Luego de la elección y con una estrecha ventaja, el panista nuevamente modificó su tono. Dejó de lado la confrontación y no respondió al discurso desafiante de López Obrador, que lo presentaba como un futuro «presidente espurio».

«He actuado con responsabilidad y sin caer en provocaciones, porque creo firmemente en la fuerza de los pacíficos y porque ganamos limpiamente» la elección, dijo a principios de agosto.

Luego de que López Obrador amagara con impedir su consagración como presidente electo, Calderón se limitó a exhortar al izquierdista a portarse como un «demócrata» y a « reconsiderar su actitud».
La impaciencia de las clases populares, que en su mayoría votaron por la izquierda, será uno de los principales desafíos del próximo presidente, que gobernará entre 2006 y 2012.

«El hijo desobediente» es además de su apodo preferido el título de su reciente autobiografía y de un corrido mexicano con aires trágicos, su favorito.

La canción tiene visos de realidad: Calderón entró en el PAN cuando su padre, Luis Calderón, abandonó el partido en protesta porque consideraba que se había abandonado el carácter orgulloso de sus fundadores, católicos militantes cuando el clericalismo era perseguido en numerosos estados del país.

El PAN estaba siendo invadido por empresarios y jóvenes dispuestos a tomarse la revancha y el poder, sin esperar a que el PRI se cansara. Entre ellos estaba Felipe Calderón, como él mismo reconoció.

«En mi casa se militaba en la oposición en un tiempo en que México era muy oscuro, un México autoritario, donde ser oposición era muy peligroso: se perdía el empleo, se perdían los amigos, a veces se perdía la vida», recordó.

Educado por los maristas, de misa diaria, Calderón tuvo una carrera rápida en el PAN.
Aunque para ello tuvo que volver a «matar al padre», cuando reemplazó en la presidencia a Carlos Castillo Peraza, su mentor político, en 1996, una sucesión amarga y que provocó la separación definitiva entre ellos.

Lo mismo sucedió con Vicente Fox, que lo derrotó en la carrera para ser candidato a la Presidencia en 1999. En protesta, Calderón abandonó la escena pública y se marchó a Harvard para cursar una maestría en Administración Pública.

Con Fox, del que fue secretario (ministro) de Energía por escasos nueve meses, tuvo otro desencuentro cuando decidió buscar la Presidencia, en mayo de 2004. Una reprimenda pública del presidente lo llevó a renunciar al gabinete.

Casado con Margarita Zavala, ex diputada del PAN, Calderón tiene tres hijos.

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