Managua (Télam/SIN).- Los nicaragüenses elegirán hoy un nuevo presidente, en una elección que el continente mira con interés y Estados Unidos con el temor de que la compulsa marque el retorno del sandinismo al poder, aunque ese triunfo que pronostican las encuestas puede no alcanzar para evitar la segunda vuelta.
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En rigor, son cinco los candidatos que buscarán hoy la jefatura del Estado: el sandinista Daniel Ortega, los liberales Eduardo Montealegre y José Rizo, el también sandinista pero disidente Edmundo Jarquín y el controvertido Edén Pastora, quien fue dirigente sandinista primero y contrarevolucionario después.
El padrón incluye a unos 3 millones 600 mil ciudadanos y para evitar el ballotaje, un candidato debe lograr el 40 por ciento de los votos o más del 35 pero con 5 puntos de ventaja; en su defecto, habrá una segunda vuelta, todavía sin fecha, entre los dos más votados.
Si Ortega alcanza ese 40 por ciento, o el 35, y quien lo escoltará y a qué distancia, parecen ser las principales incógnitas de la pulseada, a la luz de las encuestas que muestran una fuerte ventaja para la alianza "Unida, Nicaragua Triunfa" que encabeza el sandinismo y postula al ex presidente 1980-1985.
Todo indica que detrás estará el ex banquero y ex ministro Montealegre, candidato de la Alianza Liberal -escindido del tradicional Partido Liberal Constitucional (PLC)-, que tiene el visto bueno de los estados Unidos y el respaldo de las principales corporaciones económicas del país.
El ex vicepresidente Rizo, del gobernante PLC, aspira a meterse en la pelea apoyado en la férrea estructura del partido, con fuerte peso en el campesinado, y Jarquín pretende, desde el Movimiento Reformador Sandinista (MRS) capitalizar el descontento con Ortega.
El cuadro lo completa Pastora, ex sandinista y ex "contra", con una candidatura casi testimonial desde el Partido de Acción Democrática, al que los sondeos le auguran un pobre desempeño.
Buena parte de la campaña se basó en las promesas de los aspirantes para reducir la pobreza y generar empleo.
La consigna tiene su lógica, teniendo en cuenta que Nicaragua es el segundo país más pobre del continente, detrás de Haití.
Más de la mitad de su población -hay quienes hablan del 70 por ciento- es pobre y las políticas liberales de las últimas décadas fueron nefastas.
La estructura productiva es casi inexistente y el país sufre una permanente sangría de ciudadanos hacia el exterior.
A esto se le suman fuertes enfrentamientos internos y una grosera corrupción, todo lo cual dejó terribles índices de desempleo y subempleo, subalimentación y educación.
Durante la campaña, fue notorio el interés, a veces más marcado, otras más disimulado, de EEUU por minar la candidatura de Ortega, cuya gestión en los 80 atacó con dureza con sanciones económicas y hasta financiando a los "contras" que buscaban su caída.
La derecha buscó esta vez usar el argumento de que el futuro del país puede complicarse con ortega en la Casa de Gobierno, aunque el líder sandinista se esforzó por mostrar su cambio: tiene un discurso más conciliador, prometió no enfrentar a los grandes capitales y hasta eligió un candidato a vice bien visto por el establishment, el empresario y ex dirigente "contra" Jaime Morales.
Con todo, el respaldo que recibió del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, lo sigue poniendo en la mira.
Esta particular situación es también la que hace más necesaria su victoria en primera vuelta, porque todo indica que la oposición -hasta el sandinismo disidente- irá unida en su contra en una eventual segunda compulsa.
El sandinismo ya no es lo que antes era, y muchos de sus dirigentes ahora denostan a Ortega.
Por caso, el poeta y ex ministro de Cultura de la revolución que terminó con el gobierno de Anastasio Somoza, Ernesto Cardenal, ha cargado duramente contra el candidato sandinista.
Cardenal dijo que preferiría que ganara las elecciones el candidato liberal porque "sería preferible un auténtico capitalismo que una falsa revolución".
Los comicios serán supervisados por unos 16 mil observadores locales y casi 800 extranjeros, entre ellos 200 expertos de la OEA, 150 de la Unión Europea y 70 del estadounidense Centro Carter, que pondrán especial atención en el desempeño del Consejo Supremo Electoral(CSE), donde ejercen cargos funcionarios ligados al sandinista y al Partido Liberal, producto de un acuerdo político de años atrás.
Habrá 4.296 centros de votación con 11.274 mesas en los 153 municipios de las 16 provincias del país, y la custodia estará a cargo de 33 mil efectivos de la policía y el Ejército.
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