6 de noviembre 2008 - 00:00

El triunfo de Obama: más que una elección, una manera de vivir

EE.UU. está atravesado por problemas graves, pero se puede afirmar que su futuro es promisorio. Colapsos financieros y guerras sin fin al margen -si se permite el exceso de la omisión-, su futuro descansa en la calidad de una dirigencia cuyas mayores virtudes quedaron expuestas ayer a la madrugada, a la hora de la victoria y la derrota, cuando los hombres se muestran de modo más genuino.

Sereno y consciente de la abrumadora responsabilidad que lo espera, Barack Obama refrescó los ideales que EE.UU. aspira a encarnar otra vez y anticipó a la multitud que lo escuchaba entre lágrimas en el Grant Park de Chicago que se avecinan tiempos duros. «Siempre seré honesto con ustedes sobre los desafíos a los que nos enfrentamos. Los escucharé, especialmente cuando estemos en desacuerdo», advirtió cuando otros habrían preferido el desahogo del triunfalismo.

Tuvo tiempo, claro, para referirse con grandeza a John McCain, a quien calificó de «líder valiente» y quien -dijo- «hizo sacrificios por EE.UU. que la mayoría de nosotros ni siquiera podemos imaginar».

El derrotado no se quedó atrás. Lejos de las chicanas típicas en estas ocasiones, no demoró la admisión del triunfo de su rival y calmó a la multitud cuando reprobaba cada mención al vencedor. Llamó a la unidad, se refirió a Obama como «mi presidente» y le tributó «respeto por su capacidad y su perseverancia».

Mérito mayúsculo si se considera que, a los 72 años, ya no tendrá otra oportunidad de pelear por la Casa Blanca y que estaba sepultando el gran sueño de su vida.

Fue un final a la medida de una campaña ejemplar, que incluyó una discusión dura, pero en la que no se recurrió al acuerdo de cúpulas para la selección de los candidatos. Una puja en la que nadie rehuyó, amparado en el favor circunstancial de las encuestas, los debates públicos. Un ejemplo. Un modo de vivir.

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