Entre la esperanza y el temor a la guerra total
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Alvaro Uribe asumió la presidencia en reemplazo del conservador Andrés Pastrana, con una imagen favorable el primero de 77 por ciento y negativa el segundo de 80 por ciento.
Por sus propuestas, que incluyen la conformación de una red de un millón de civiles que apoyen con información a las Fuerzas Militares y de policía para combatir a la guerrilla, los paramilitares y el crimen organizado, es calificado por críticos como un hombre autoritario y acusado de tener vínculos con los «paras» y con el narcotráfico, extremos no probados. A pesar de su discurso pro mano dura, a pocas horas de ganar pidió la mediación de las Naciones Unidas en el conflicto interno.
El político, quien nació en Medellín, capital de Antioquía, estudió derecho y cursó especializaciones en las universidades de Harvard y Oxford. Su padre fue asesinado por las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hace 19 años.
•Críticas
Uribe, declarado objetivo militar de la guerrilla, criticó los diálogos de paz que Pastrana canceló el pasado 20 de febrero.
«Colombia no ha tenido autoridad y no ha contenido a los grupos irregulares. Esos grupos han herido y lesionado a la población y nuestro Estado no la ha defendido», respondió Uribe, amante de los caballos, el campo y el yoga. El nuevo presidente fue también congresista y alcalde de Medellín.
Su actual vicepresidente, Francisco Santos, es miembro de la tradicional familia de periodistas propietaria del diario «El Tiempo» (cuya cúpula tomó distancia explícitamente del nuevo gobierno), y fue secuestrado hace diez años por «los extraditables», el grupo de narcotraficantes que respondía a Pablo Escobar, hecho que llevó a Gabriel García Márquez a escribir el vertiginoso relato de «Noticias de un secuestro».
En abril, en plena campaña, Uribe escapó ileso a un atentado en Barranquilla, en el que murieron cuatro personas y en su cuenta personal contabiliza 15 intentos de asesinato.
En sus palabras: «Yo soy un demócrata con autoridad, un capitalista con conciencia social. No soy fácil. Me gusta oír a la gente inteligente y soy deliberante. Soy perseverante en mis tesis y respetuoso con la crítica».



