8 de agosto 2002 - 00:00

Entre la esperanza y el temor a la guerra total

Bogotá (Reuters) - Algunos ven en él la posible «salvación» de Colombia, pero otros temen que su gestión como presidente lleve a una guerra total a este país convulsionado por una guerra civil de casi cuatro décadas.

El antagonismo y la radicalización del enfrentamiento con la guerrilla abre ahora un capítulo que ayer tuvo su primera página con los ataques que ocasionaron al menos 16 muertos a pocas cuadras del Capitolio, en el que se desarrollaba el acto de asunción como presidente de más de 41 millones de colombianos.

Alvaro Uribe
asumió la presidencia en reemplazo del conservador Andrés Pastrana, con una imagen favorable el primero de 77 por ciento y negativa el segundo de 80 por ciento.

Sin embargo, Uribe es cauteloso y ha advertido que en sus cuatro años de mandato será difícil solucionar problemas como el desempleo, la pobreza y la desaceleración económica. La renta per cápita de poco más de dos mil dólares pone a Colombia entre los más pobres del subcontinente.

El nuevo presidente no hizo el servicio militar, pero una de sus principales iniciativas es la de duplicar el número de efectivos de las Fuerzas Armadas para combatir a la guerrilla izquierdista y a los paramilitares de ultraderecha.

Es abogado, está casado y es padre de dos hijos. Logró convencer a los electores colombianos con un discurso de línea dura contra la guerrilla, agobiados por una guerra interna de 38 años que dejó 40.000 muertos en el último decenio.

En su gestión como gobernador de Antioquía (1995-1997), de la mano de grupos de civiles colaboracionistas con las Fuerzas Armadas logró bajar el índice delictivo pero aumentar las denuncias por violaciones a los derechos humanos. Obtuvo más de 50 por ciento de los votos en las elecciones del 26 de mayo como disidente del Partido Liberal, frente a la volatilidad y atomización de los partidos tradicionales.

Por sus propuestas,
que incluyen la conformación de una red de un millón de civiles que apoyen con información a las Fuerzas Militares y de policía para combatir a la guerrilla, los paramilitares y el crimen organizado, es calificado por críticos como un hombre autoritario y acusado de tener vínculos con los «paras» y con el narcotráfico, extremos no probados. A pesar de su discurso pro mano dura, a pocas horas de ganar pidió la mediación de las Naciones Unidas en el conflicto interno.

El político, quien nació en Medellín, capital de Antioquía, estudió derecho y cursó especializaciones en las universidades de Harvard y Oxford. Su padre fue asesinado por las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hace 19 años.

•Críticas

Uribe, declarado objetivo militar de la guerrilla, criticó los diálogos de paz que Pastrana canceló el pasado 20 de febrero.

«Colombia no ha tenido autoridad y no ha contenido a los grupos irregulares. Esos grupos han herido y lesionado a la población y nuestro Estado no la ha defendido», respondió Uribe, amante de los caballos, el campo y el yoga. El nuevo presidente fue también congresista y alcalde de Medellín.

Su actual vicepresidente,
Francisco Santos, es miembro de la tradicional familia de periodistas propietaria del diario «El Tiempo» (cuya cúpula tomó distancia explícitamente del nuevo gobierno), y fue secuestrado hace diez años por «los extraditables», el grupo de narcotraficantes que respondía a Pablo Escobar, hecho que llevó a Gabriel García Márquez a escribir el vertiginoso relato de «Noticias de un secuestro».

En abril, en plena campaña, Uribe escapó ileso a un atentado en Barranquilla, en el que murieron cuatro personas y en su cuenta personal contabiliza 15 intentos de asesinato.

En sus palabras: «Yo soy un demócrata con autoridad, un capitalista con conciencia social. No soy fácil. Me gusta oír a la gente inteligente y soy deliberante. Soy perseverante en mis tesis y respetuoso con la crítica».

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