Jerusalén (AFP, EFE) - El gobierno israelí se arriesgó ayer a provocar una crisis diplomática con Gran Bretaña al prohibir a una delegación palestina asistir a una conferencia organizada en Londres por Tony Blair, como reacción al sangriento doble atentado suicida perpetrado el domingo en Tel Aviv, que dejó 24 muertos, entre ellos posiblemente, algunos latinoamericanos.
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En Israel, los analistas tenían dudas sobre la lógica de una decisión que la oposición laborista atacó abiertamente, reprochando al primer ministro Ariel Sharon que siguiera «el juego al terrorismo» y se limitara a sancionar a los palestinos moderados. El jefe de la diplomacia israelí, Benjamin Netanyahu, informó a su homólogo británico Jack Straw de la negativa israelí durante una entrevista, según fuentes diplomáticas.
Al ministerio británico, que le pidió que reconsiderara esa prohibición, Netanyahu contestó que las «personas implicadas en el terrorismo no pueden formar parte de un proceso de paz».
El secretario del Foreign Office respondió a su vez que se trata de «medidas tomadas por Israel que son contraproducentes».
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