Esta política favorable a Washington no fue fruto de una afinidad natural del rey Fahd hacia Occidente o a oscuros negocios con la familia Bush, que son denunciados por libros de mucha popularidad pero escaso rigor.
Su interés era preservar el dominio absoluto de la familia Saud sobre el reino, y su alianza con Washington había sido el mecanismo para resistir a las presiones externas, según los expertos.
A las presiones internas que amenazaban con romper el monopolio económico y político del país de los Saud respondió con crudeza y decapitaciones públicas. En los '80 aumentó el poder de las autoridades religiosas conservadoras en un intento de ahogar el cambio social engendrado por la modernización económica que se produjo en el país gracias a la fabulosa riqueza del petróleo.
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