Extraña alianza Damasco-Teherán
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El presidente Al-Assad ha optado por refirmar una vieja amistad que empezó a forjarse con el apoyo sirio a la revoluciónislámica en 1979. Damasco fue entonces el único gobierno árabe que reconoció inmediatamente el nuevo poder de los clérigos iraníes. Poco después, durante la guerra que en los años 80 enfrentó a Irán e Irak, los sirios volvieron a ponerse del lado de Teherán para contrarrestar la influencia de Saddam Hussein en la región, dejando a un lado el hecho de que tanto Irak como Siria estaban gobernados por regímenes seculares baazistas. La llegada al poder de Bashar al-Assad en 2000, tras la muerte de su padre, Hafez al-Assad, estuvo acompañada de esperanzas de reformas políticas y alternancias diplomáticas. Ninguna de las dos se han cumplido.
Lejos de alejarse de la línea marcada por su padre, Bashar ha deteriorado sus relaciones con Occidente y se ha aproximado más a Irán.
El régimen sirio ha tratado de escapar de su aislamiento virando hacia el Este, buscando relaciones con países asiáticos y alejándose cada vez más de Occidente. Pero Damasco también ha fijado límites a su alianza con Irán, dejando abierta la puerta a nuevas posibilidades en el futuro. El ministro de Defensa Turkmani descartaba recientemente el ofrecimiento iraní de instalar una base militar conjunta en suelo sirio. «La presencia de militares extranjeros nos es ajena. Quiero dejar claro que no es una posibilidad», aseguraba Turkmani.
La fidelidad de Siria a Irán está lejos de ser una garantía indefinida. La crisis iniciada por Hizbollah con el secuestro de dos soldados israelíes y los bombardeos de Tel Aviv en el Líbano han servido para aumentar la figura del presidente Al-Assad como líder de la resistencia contra Israel y EE.UU., fomentando una muy necesitada dosis de popularidad para un presidente que sigue lejos de alcanzar el estatus de su padre.
Pero la colaboración con Teherán, apoyada por la calle, difícilmente aportará al líder sirio las soluciones para una economía nacional en crisis, el crecimiento del islamismo radical o su aislamiento internacional. Damasco sabe que cada paso que da en dirección a Irán lo aleja de Europa y de Estados Unidos.
Y, por el contrario, un distanciamientole ofrecería la oportunidad de reengancharse en la comunidad internacional. El desenlace de la guerra que Israel libra estos días junto a sus puertas podría, a largo plazo, inclinar la balanza hacia uno u otro lado.




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