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El comunicado fue el epílogo de unas discusiones que comenzaron en octubre pasado, mediante las cuales el gobierno aspiraba a ampliar su base parlamentaria con la incorporación al gabinete de representantes de centroderecha.
La suerte de esa coalición planteada por Lula fue tropezando por el gran apetito de poder manifestado por esos nuevos aliados y con las exigencias del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) para mantener su cuota en el gobierno.
La búsqueda de ese delicado equilibrio se complicó finalmente en febrero, cuando el candidato a la presidencia de la Cámara de Diputados del PT fue derrotado por
Las presiones que Cavalcanti ejerció sin pudor alguno llegaron a su punto máximo el lunes, cuando en un discurso público emplazó a Lula a que nombrase de inmediato a uno de sus ahijados políticos como nuevo ministro de Comunicaciones.
En opinión de analistas políticos, ese emplazamiento fue lo que faltaba para bajar el martillo y declarar desierta la negociación.
El jefe de Estado zanjó la discusión con sólo dos nombramientos, uno de ellos para cubrir un cargo vacante desde inicios de este año. Designó al diputado socialista
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