Fracaso
El gobierno francés anunció ayer que flexibilizará más la ley que impuso un tope de 35 horas al trabajo semanal. Con ese límite se intentó que las empresas contraten más personal en lugar de conceder horas extras. Tuvo un fracaso rotundo: no sólo no redujo el desempleo, sino que lo aumentó ya que implicaba en la práctica un aumento al de por sí alto costo que tiene una empresa francesa para contratar a una persona.
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Jacques Chirac
Asimismo, el techo de las horas extraordinarias pasará a 220 horas al año desde las 180 actuales, mientras que las pequeñas y medianas empresas (con menos de 20 asalariados) verán prorrogado durante tres años más el régimen preferencial del que gozan actualmente y podrán « recomprar» hasta 10 horas de tiempo de recuperación al año.
El ministro, que refirmó su objetivo de una baja de 10% en el número de desempleados en 2005, recalcó que poder trabajar más para ganar más es «una demanda muy fuerte» de los franceses y es importante para la economía y el desarrollo de las empresas. El rechazode los sindicatos al «tiempo escogido» fue inmediato. La CGT tildó de « escandalosas» las medidas, que suponen «el fin» de la ley de las 35 horas, ahora «virtual» y «vaciada» de su objetivo de aumentar las contrataciones, y aseguró que los asalariados no podrán escoger «nada».
Fuerza Obrera no ocultó su «decepción» e irónicamente expresó la esperanza de que la libertad de poder trabajar más también se aplique a los trabajadores obligados a hacerlo a tiempo parcial. Mientras que el opositor Partido Socialista acusó a Raffarin de querer «desestabilizar» la ley de las 35 horas sin otro proyecto que «el de trabajar más para ganar menos y sin ningún diálogo social». El ex número dos del gobierno, Nicolas Sarkozy, aplaudió un «avance significativo».
Las asociaciones patronales, incluida la principal, el Medef, festejaron igualmente los anuncios de Raffarin sobre las 35 horas.
Los otros dos puntos del «contrato 2005» del primer ministro son el proyecto de ley sobre la escuela para que sea «más segura», más eficaz y «más justa», y fomentar el poder adquisitivo.
Sobre la «gran cita» europea de 2005, el referéndum de ratificación de la Constitución, Raffarin prometió una plena movilización del gobierno, además de velar para protegerlo de consideraciones de «política interior», tal como ha reclamado el Partido Socialista cuando dijo sí al texto el pasado día 1 de diciembre. «Francia debe expresar un sí pluralista» a la Carta Magna, dijo el primer ministro, al recalcarque «nadie es dueño» del referéndum, «no queremos» que sea «un plebiscito» o «un debate de política interior», y «sería un error» dar «un pilotaje único» a la campaña.
La fecha del referéndum será fijada por el jefe de Estado, Jacques Chirac, después de la revisión de la Constitución francesa a comienzos de año, señaló Raffarin, que no excluyó que la consulta tenga lugar en el primer semestre, en lugar de en el segundo.
La presentación del « contrato 2005» fue interpretada por los analistas como un intento del primer ministro de reconquistar a la opinión pública, especialmente la suya, de derecha.




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