Fueron precisamente los inspectores enviados a Irak por las Naciones Unidas quienes, a principios de los años '90, la bautizaron «Doctora Germen», identificándola como una de las principales responsables de los programas iraquíes de destrucción masiva en el sector químico-bacteriológico. A la sombra de su poderoso marido, Rihab Taha habría elaborado gérmenes que causan el botulismo e infecciones con ántrax.
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