Gran Bretaña entregó control de Basora a frágil fuerza iraquí

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Bagdad - Tras cuatro años y ocho meses de ocupación, las tropas británicas transfirieron el control de la provincia de Basora, la más rica en petróleo de Irak, a las autoridades locales. Una aparatosa exhibición militar celebrada cerca del aeropuerto de la ciudad -la zona más segura- marcó el final del poder militar de Londres en la región sureña, en medio de denuncias de incompetencia y corrupción.

Miles de soldados acompañados de tanques, vehículos blindados, todoterrenos y helicópteros participaron en una ceremonia que intentó dar credibilidad al gobierno y también a las fuerzas iraquíes encargadas, a partir de ahora, de tomar las riendas de una provincia volátil.

«Es una victoria para Irak y una derrota para el terrorismo», declaró solemne el consejero de la Seguridad Nacional Muafak al-Rubeie, que representó al primer ministro Nuri al-Maliki en la ceremonia oficial. «Hoy asistimos a un día histórico para Basora», manifestó por su parte el gobernador provincial Mohamed Mosbah Waeli.

Basora es la última de las cuatro provincias iraquíes bajo control británico en ser devueltas a Bagdad, tras el traspaso de Muthana, Diqar y Maissan. Para las autoridades locales, necesitadas de éxitos, el traspaso supone un triunfo que consolida la idea de que poco a poco la normalidad se impone en el país, aunque pese a la reducción de la violencia la situación dista de ser pacífica.

  • Reto incomparable

    Eso hace que Basora, principal puerto exportador de petróleo y fuente de 40% de los ingresos estatales, represente para Bagdad un reto incomparable en cuanto a su capacidad para mantener la seguridad sin ayuda.

    Es la más poblada y la más estratégica de las nueve (de 18) provincias cuyo control fue devuelto por los ocupantes, y también una de las más complejas. Tres grandes facciones chiitas se disputan el poder: el ejército del Mahdi, del clérigo Moqtada al-Sadr y con gran presencia popular, las brigadas Badr del Consejo Supremo de la Revolución Islámica (CSRI), que controlan las fuerzas de seguridad, y el partido Fadhila, que maneja la gobernación.

    En los últimos tiempos los combates entre chiitas habían cuestionado la viabilidad de Basora, aunque el actual jefe de la policía, general Jalil Jalaf Shuwayl, afirmó que las tres partes alcanzaron un alto el fuego, extremo confirmado también por el vocero de la oficina de Al-Sadr en la localidad portuaria, Seikh Haretz al Adari.

    «Estamos dispuestos a cooperar con las fuerzas de seguridad y por eso hemos firmado un acuerdo para que Basora se vacíe de armas», afirmó Al-Adari.

  • Capacidad

    Los enfrentamientos entre milicias religiosas no son el único reto. El general Shuwayl describía hace tres semanas en una intervención ante intelectuales que Basora es una provincia acosada por «el terrorismo religioso y las mafias». «Nuestra inteligencia tiene milicianos y miembros de bandas criminales infiltrados. Hombres armados me siguen con cargas explosivas y las colocan en mi camino. Me quieren eliminar a toda costa.»

    En otra de las perlas de su intervención, admitió que las potencias vecinas -en referencia indirecta a Irán, con el que Basora comparte frontera- «tienen mayor capacidad que nosotros. Incluso si conseguimos atrapar las armas de los criminales, mañana traerán más porque no tenemos control de nuestras propias fronteras». Y sobre los crímenes de mujeres, admitía que en los últimos tres meses «al menos 45 murieron, muchas de ellas asesinadas por desconocidos que las acusan de no llevar velo y otras por crímenes de honor».

    Ayer el discurso del general era radicalmente distinto. «Está disminuyendo el número de asesinatos de mujeres gracias a la detención de una banda que será llevada a la Justicia», dijo. «Ya no se puede decir que haya bandas criminales en Basora, sólo elementos aislados. Existen milicias religiosas pero no están en contra del orden público. Hemos convocado una conferencia donde 600 líderes de la ciudad se comprometieron a acabar con el papel de las milicias».

    Para la población, en cualquier caso, el traspaso no supone grandes cambios ya que las tropas británicas no patrullaban desde setiembre, cuando entregaron el control de la capital de la provincia a sus homólogos iraquíes.

    Los soldados, acosados por los disparos de mortero de las milicias, se retiraron del palacio de la ciudad, hasta entonces su base, para replegarse en el aeropuerto. Allí residen desde entonces los 4.000 soldados británicos desplegados (una décima parte de las fuerzas de Londres que participaron en la invasión de 2003), cifra que se reducirá progresivamente hasta 2.500 en el primer semestre de 2008. A partir de ahora, los británicos «supervisarán» el trabajo de los 30.000 iraquíes, entre soldados y policías, encargados de velar por la seguridad.
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