Washington - El gobierno del presidente de EE.UU., George W. Bush, ha hecho borrón y cuenta nueva y diseñado otra agenda económica para América latina basada en la energía, con la que redefinirá sus vínculos con la región a la que partió ayer.
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La anterior gira del presidente hacia el Sur, en noviembre de 2005, se centró en la promoción del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el proyecto estrella de EE.UU. para el continente desde hace más de una década.
El ALCA fue un fracaso y las negociaciones sobre el tema siguen paralizadas.
En cambio, de la noche a la mañana el gobierno de Washington se ha percatado del potencial de Brasil, los países andinos y América Central como una fuente de energía mucho menos problemática que Irán y Venezuela.
La clave es el etanol, un combustible del que hace tres años prácticamente sólo hablaban en EE.UU. los ecologistas, pero que con la reciente escalada de los precios del petróleo ha pasado a ser el tema de moda entre los políticos.
La ley de política energética, de 2005, obliga a las refinerías a duplicar para 2012 la cantidad de etanol mezclada en la gasolina, lo que ha dado un impulso extraordinario a los productores nacionales, que transforman el almidón del maíz en azúcar y luego en alcohol.
Sin embargo, EE.UU. por sí solo no puede destilar el volumen requerido para esa fecha, según Johanna Mendelson Forman, una ex alta funcionaria de la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional ( USAID). Ahí es donde entra América latina.
Brasil es la pieza clave, pues es el mayor productor de etanol de caña de azúcar del mundo, que destila de forma más barata que los procesos a base de maíz o trigo. El país sudamericano cuenta con tecnología más avanzada que EE.UU. en el uso de ese alcohol y Washington quiere que Brasil ayude a otros países de la región para que América latina se convierta en una fuente de energía para sus automóviles y sus líneas de montaje. EE.UU. y Brasil plasmarán su cooperación en «un marco de entendimiento», cuya fecha de firma aún no se ha definido y que prevé la investigación conjunta de biocombustibles y el establecimiento de estándares comunes.
Actualmente, EE.UU. mantiene un arancel de 54 centavos por galón (3,8 litros) a la importación de etanol de países como Brasil, y el gobierno de Brasilia ha anticipado que pedirá a Bush que establezca una cuota de entrada del carburante sin pago de impuestos.
No obstante, el consejero de Seguridad Nacional de EE.UU., Stephen Hadley, ha señalado que Bush no hablará de ese impuesto aduanero durante su visita.
La promoción de este carburante alternativo es también una buena jugada de política exterior para EE.UU., pues reduce la influencia del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ganada a fuerza de petróleo subsidiado y compra de bonos soberanos de sus vecinos, según los expertos.
Pese al énfasis en el etanol, Bush también abordará en su viaje el tema económico más tradicional del comercio.
Junto con su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, con quien se reunirá hoy, analizará cómo dar oxígeno a las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para la reducción de las barreras a los intercambios de bienes y servicios.
En Bogotá, donde estará el domingo, Bush reiterará su determinación en favor del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos y Colombia.
Sin embargo, el futuro de ese acuerdo no depende «de un debate entre Estados Unidos y Colombia, sino que es un debate entre los demócratas y los republicanos», según Grant Aldonas, uno de los principales asesores de Bush en materia económica entre 2001 y 2005.
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