Histórica marcha ayer en Colombia contra guerrilla
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El presidente de Colombia, Alvaro Uribe, se unió ayer junto
con su esposa al multitudinario repudio al terrorismo (arriba izquierda). Los
jueces de la
Corte Suprema
se sumaron al
reclamo de paz
desde un balcón
de su sede
(arriba derecha). En las manifestaciones
de ayer
en toda Colombia
también
hubo espacio
para recordar a
las víctimas de
las FARC
(izquierda abajo). En Cali se realizó una de las manifestaciones más masivas
(abajo derecha).
Hasta los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, vestidos con sus togas negras, salieron a uno de los balcones del edificio del tribunal y agitaron pañuelos blancos.
En la central Plaza de Bolívar, donde se concentraron los manifestantes, las pancartas condenaban los secuestros, demandaban a las FARC la liberación de los cautivos y la devolución de los cadáveres de los once políticos, al tiempo que pedían a Uribe no ceder «ni un centímetro de Colombia» para negociar con esa guerrilla.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) exigen la desmilitarización de 800 km2 en el sudoeste del país para negociar allí el canje de 45 secuestrados por unos 500 de sus terroristas presos. En ese grupo se encuentran la ex candidata presidencial colombo-francesa Ingrid Betancourt, tres estadounidenses y decenas de políticos, militares y policías, algunos próximos a cumplir diez años de secuestro. Fortalecido, el presidente declaró: «Va a haber despeje... pero de terroristas».
Astrid, hermana de Ingrid, se quejó de que en la Catedral se hubiera desplegado una pancarta pidiéndole «firmeza» a Uribe. «Nos parece que la política no tiene nada que hacer en la iglesia. Y si nosotros podemos decirle algo al presidente es: 'Sí señor presidente, firmeza sí, pero en el objetivo de lograr la liberación de los secuestrados'».
La expresión más sensible de la manifestación se dio en Cali (500 km al sudoeste de Bogotá), de donde eran oriundos los once diputados regionales que murieron el pasado 18 de junio estando en poder de las FARC.
El gobernador del departamento del Valle, cuya capital es Cali, Argelino Garzón, ex presidente de la principal central obrera del país, reclamó a las FARC que informen de inmediato el lugar donde van a entregar los cadáveres.
Carolina, hija de Carlos Alberto Charry, uno de los diputados asesinados, culpó de la muerte de su padre a las FARC y a «la complicidad del gobierno nacional que fue inferior al compromiso de devolvernos a los rehenes», dijo.
En Medellín (400 km al noroeste de Bogotá), el sentimiento de la manifestación lo puso el cantante pop Juanes, quien cerró la demostración con un concierto en el que interpretó la canción «Sueños de Libertad».
Mensajes contradictorios dejaron claro las diferencias que el tema genera entre los colombianos, más allá del unánime repudio a las marxistas FARC. «Libertad y firmeza» decía una de las pancartas, mientras que a su lado otra señalaba «Canje, para volvernos a ver».
«La sociedad está dividida entre quienes piden un intercambio humanitario, incluso si se requiere un canje, y quienes creen que esa salida no es posible», indicó el politólogo Fernando Giraldo, decano de Ciencias Políticas en la Universidad Javeriana.
«El resultado de estas marchas, al menos en principio, es que sale fortalecido el presidente Uribe y quedan políticamente debilitadas las FARC», estimó.
Yolanda Pulecio, madre de Betancourt, pidió que no se politizara la manifestación y señaló que el propósito de ella no era sólo reclamar a quienes tienen los cautivos, «sino también a todos aquellos que pueden hacer algo para liberarlos».




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