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Numerosos niños, mujeres y ancianos ahogados, aplastados o asfixiados figuran entre las 975 víctimas de la estampida causada por el pánico tras propagarse el rumor de que había terroristas suicidas entre la muchedumbre que cruzaba el puente Al Aimah rumbo al mausoleo del imán Musa al Kazim.
Unas 815 personas quedaron heridas, según una fuente de seguridad.
El balance de víctimas no incluye a las 25 personas que fallecieron al comer productos envenenados "a propósito", según la misma fuente, ni a otras siete muertas y 37 heridas a causa de un ataque con mortero en los alrededores del mausoleo del imán al Kazim, poco antes de la estampida.
El jueves en la mañana miles de personas en llanto se encontraban en los alrededores de los hospitales de Bagdad en busca de parientes, mientras los primeros funerales masivos comenzaban a salir de Bagdad rumbo al centro del país.
Las víctimas deben ser enterradas en Nayaf, 160 km al sur de Bagdad. El inmenso cementerio de la ciudad, que alberga el mausoleo de Alí, el primero de los imanes chiítas, será el lugar del reposo final de los fieles.
Cientos de tiendas fúnebres se alineaban en las calles de la barriada chiíta de Bagdad.
En Sadr City, principal distrito chiíta, gritos y llantos desgarraban el aire y centenares de personas se golpeaban el pecho a medida que se anunciaban los nombres de las víctimas.
"Estaba buscando a mi hijo desde ayer entre los heridos, pero sólo ahora he encontrado su cuerpo en la morgue, nunca podré aceptara que ha muerto", clamaba Mohammed Jafar.
Muchos acusaban a los insurgentes iraquíes, sobre todo musulmanes sunitas, de ser responsables de haber provocado la estampida al disparar morteros contra la mezquita y causar el pánico deliberadamente.
"Este es un genocidio contra los chiítas. Es un ataque deliberado", gritaba Ahmad Sabbar, de 30 años, quien buscaba a un pariente desaparecido.
En los alrededores del puente que separa a los barrios chiítas de Azamiya y sunita de Kadhimiya, donde se produjo el drama, excavadoras municipales trabajaban despejando los escombros, sandalias y vestidos de las víctimas.
Simples ciudadanos buscaban piezas de identidad y documentos para ayudar a identificar a los muertos.
En el hospital de la Ciudad Médica, el más cercano al lugar del drama, tres camiones frigoríficos fueron instalados en un patio y decenas de cuerpos fueron depositados allí.
Las autoridades iraquíes dijeron que la tragedia, que corre el riesgo de agudizar aún más las tensiones sectarias en el país, fue un acto "terrorista" perpetrado por hombres leales al derrocado dictador Saddam Hussein y militantes de Al Qaida en Irak, dirigidos por Abu Musab al Zarqaui.
El Primer ministro Ibrahim Jaafari anunció una investigación, pero se abstuvo de lanzar acusaciones, aun cuando responsables chiítas no vacilaron en atribuir la responsabilidad a los rebeldes sunitas.
No obstante el líder religioso chiíta, el ayatola Alí Sistani, llamó a la unidad y a la calma tras la tragedia.
"Todos los iraquíes debemos permanecer unidos y cerrar filas, de manera a no facilitar la labor de quienes quieren provocar la discordia", declaró Sistani desde la ciudad sagrada de Nayaf.
Ningún movimiento ha reivindicado la responsabilidad de la estampida, pero un grupo armado ligado a la red Al Qaida en Irak afirmó haber sido autor de los disparos de mortero que la precedieron y que cayeron sobre el mausoleo del imán al Kazim, presentando este ataque como una respuesta a la muerte de sunitas.
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