Rove instaló una batería de computadoras en una de las habitaciones de la Casa Blanca, a la que concurrió varias veces en busca de novedades a lo largo de la noche.
Ni siquiera en el momento más crítico, cuando las primeras encuestas de boca de urna pronosticaban una amplia derrota para Bush, Rove y la consejera política del presidente Karen Hughes perdieron la confianza.
Bush siguió en los últimos cinco meses de campaña el mapa electoral trazado por Rove, circunscripción por circunscripción, ciudad por ciudad.