Irak (AFP) -Casi 60 personas murieron este sábado en Irak, de las cuales 44 perdieron la vida en sendos atentados suicidas perpetrados en la ciudad santa chiita de Kerbala y en Bagdad.
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En Kerbala, al sur de Bagdad, 34 personas murieron y hubo "decenas de heridos", según un balance del gobernador Ajil Jazali basado en cifras proporcionadas por fuentes médicas y de seguridad.
Anteriormente, fuentes de seguridad habían anunciado 47 muertos.
La explosión se produjo en una estación de autobuses situada a unos 200 metros del mausoleo del imán Hussein, uno de los más venerados por los chiitas.
Varias mujeres y niños se encuentran entre las víctimas del atentado, especificó una fuente médica.
La estación de autobús está rodeada de numerosos comercios, muchos de los cuales quedaron completamente destrozados.
"El kamikaze se hizo estallar cerca de un puesto de control por el que se accede a la zona comercial. Esta explosión se había preparado bien puesto que tenía como blanco una zona de gran densidad de población", afirmó el gobernador de Kerbala.
Un toque de queda ilimitado fue decretado en la ciudad, donde se dispusieron numerosos puestos de control y se cortó el principal acceso a la plaza comercial.
En Bagdad, un atentado suicida provocó la muerte de diez personas e hirió a otras 11 en el puente de Al Jadriya, que une el barrio de mayoría chiita de Karrada con la zona de mayoría sunita de Al Saidiya.
A las víctimas de los atentados se suman cuatro soldados iraquíes que murieron el sábado por disparos de mortero contra una base militar en Suweira, al sureste de Bagdad.
Los actos violentos se cobraron además otras siete vidas.
Por otro lado, el ejército británico anunció haber matado a ocho personas mientras colocaban bombas en "el mismo sector" donde un artefacto mató el pasado 5 de abril a cuatro militares de Gran Bretaña, en el sur del país.
Estos atentados se producen dos días después de un ataque suicida en la cafetería del Parlamento, en la Zona Verde ultraprotegida de la capital iraquí.
Asimismo, la nueva ola de violencia llega cuando se cumplen dos meses del comienzo, el 14 de febrero, de un nuevo plan de seguridad para Bagdad denominado "Fardh Al Qannon" (Imponer la Ley).
Dicho plan prevé la llegada a Irak de 30.000 militares estadounidenses suplementarios y el despliegue en Bagdad de 90.000 hombres, entre soldados norteamericanos e iraquíes, antes de junio, para acabar con la violencia endémica que azota la capital.
El plan se extiende a los alrededores de Bagdad y progresivamente ha incluido también a otras regiones de Irak, especialmente Mosul (a 370 km al norte de la capital) y Diwaniya, a 180 km al sur.
Las autoridades iraquíes y el ejército estadounidense aseguraron en varias ocasiones que con la puesta en marcha del plan disminuyó el número de ejecuciones sectarias y desaparecieron de las calles bagdadíes las milicias chiitas.
El sábado los estadounidenses anunciaron haber arrestado a 17 presuntos "terroristas", entre los cuales figuraría un "emir militar de Al Qaida", al que se le atribuyen numerosos atentados.
Sin embargo, las fuerzas de seguridad no logran impedir los atentados suicidas con coches bomba en las principales ciudades del país, que siguen causando decenas de muertos.
Algunos observadores independientes e incluso militares estadounidenses y líderes iraquíes ya reconocieron que la solución de la violencia en Irak debe ser, en primer lugar, "política" y luego, militar.
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