Washington - Los votantes de EE.UU. castigaron el apoyo de los legisladores republicanos a la política de su presidente, George W. Bush, en Irak.
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Las encuestas previas a los comicios del martes indicaban que la situación en Irak era la preocupación principal de los votantes, para pesar de los republicanos, pues la violencia no da visos de cesar en ese país.
Así lo han entendido los propios demócratas. La congresista demócrata Nancy Pelosi, que será la primera mujer en presidir la Cámara de Representantes, dijo ayer a la madrugada que el triunfo de su partido se debe al deseo de los estadounidenses de un cambio, especialmente en Irak, aunque confirmó que no se cortarán los fondos para las tropas.
En una fiesta en un hotel de Washington, una Pelosi radiante indicó que la política del presidente Bush de mantener el mismo camino en Irak no funciona.
«No podemos seguir este rumbo catastrófico en Irak», dijo.
«Señor presidente, necesitamos una nueva dirección», añadió, entre los aplausos de sus correligionarios.
En el mismo escenario, el líder de los demócratas en el Senado, Harry Reid, señaló: «El país ha llegado a la conclusión a la que llegamos nosotros hace meses de que tenemos que cambiar el rumbo en Irak».
Para dos tercios de los votantes, Irak fue un asunto determinante a la hora de decidir su voto, según encuestas a boca de urna, aunque un porcentaje aun mayor, 75%, dijo que también eran importantes los escándalos que han sacudido al Congreso.
Estas preocupaciones superaron a los problemas locales, que normalmente deciden los comicioslegislativos en Estados Unidos. Un ejemplo fue la contienda en Nueva Jersey, donde el demócrata Robert Menéndez logró mantener su escaño en el Senado en una campaña muy reñida con el republicano Tom Kean.
Menéndez ganó a pesar de que sólo 36% de los votantes dijo que el demócrata es confiable, frente a 49% que afirmó lo mismo de Kean, según una encuesta previa a la consulta electoral.
Sin embargo, 35% de los que preferían a Kean como persona dijo que votarían por el demócrata Menéndez debido a la guerra en Irak.
Algo similar parece haber pasado en Pensilvania, donde Rick Santorum, el tercer republicano más poderoso del Senado y un partidario de la política de la Casa Blanca en Irak, perdió su escaño frente al demócrata Bob Casey.
Los republicanos sabían que Irak era su puntodébil y quisieron evitar el tema durante la campaña y echar mano a la táctica antigua de decir que los demócratas subirían los impuestos, así como presentarse como el partido que combatiría mejor el terrorismo internacional.
En cambio, la estrategia demócrata consistió en acusar a los actuales legisladores republicanos de apoyar sin cuestionar la política de la Casa Blanca en Irak y en asociarlos con Bush, cuyo índice de popularidad es muy bajo.
El presidente, por su parte, llegó a afirmar que la aplicación de la política demócrata en Irak supondría que «los terroristas ganan y Estados Unidos pierde».
A tenor del voto, ese argumento no ha convencido a unos votantes cansados de una guerra para la que no se ve fin y parecen haberse inclinado por la propuesta demócrata de retirar las tropas estadounidenses de forma gradual del país mesopotámico.
Esa perspectiva preocupa a republicanos como el senador John McCain, un partidario de la invasión de Irak que, sin embargo, ha criticado que la Casa Blanca no dedicase más tropas a estabilizar el país tras la invasión.
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