La escalada nuclear de Irán acorrala la negociación con las potencias

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Los avances de Teherán en el enriquecimiento de uranio y las dificultades para revivir el acuerdo de Viena serán tema de agenda en la Asamblea General de la ONU.

El programa nuclear de Irán será uno de los temas de debate esta semana en Nueva York, donde los diferentes protagonistas de esta espinosa cuestión deben reunirse en la Asamblea General de Naciones Unidas.

El tema estará en boca de todos los miembros en la Conferencia General Anual del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la agencia supervisora de la ONU, que se abrió este lunes en Viena.

Mientras que Irán insiste en el carácter pacífico de sus actividades, su reciente escalada nuclear preocupa a los expertos en un momento en el que las negociaciones diplomáticas están estancadas.

Según los términos del acuerdo celebrado en Viena en 2015 con las grandes potencias (Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido, China y Rusia), Irán había acordado limitar el nivel de enriquecimiento de uranio al 3,67% para un tope de 202,8 kilos (o 300 kilos equivalente de UF6).

El uranio natural, extraído del suelo, está compuesto de 99,3% de uranio 238, non fisionable. La parte fisionable, uranio 235, constituye sólo el 0,7%.

Enriquecido entre un 3 y un 5%, este uranio sirve para alimentar las centrales nucleares destinadas a la producción de electricidad.

Pero, como respuesta a la decisión de 2018 del entonces presidente estadounidense Donald Trump de retirarse de este texto, Irán se ha liberado de manera gradual de sus compromisos.

El país comenzó a superar el límite autorizada mientras enriquecía hasta un 5%. Según el último informe del OIEA, a finales de agosto había acumulado 2.441,3 kilos de uranio de este tipo, es decir, 12 veces el límite autorizado.

A principios de este año, Irán subió el nivel al 20%, que, en teoría, permite producir isótopos médicos, utilizados sobre todo en el diagnóstico de algunos tipos de cáncer. Su stock enriquecido a ese porcentaje se eleva ahora a 84 kg.

En abril, la República Islámica cruzó el umbral sin precedentes del 60% y produjo 10 kg, acercándose al 90% necesario para fabricar una bomba.

La cantidad autorizada en el marco del acuerdo está fijada mediante el resultado de un cálculo para definir el "breakout time", es decir, el tiempo que es necesario en teoría para que Irán obtenga el material destinado a una bomba nuclear. Este plazo era de aproximadamente un año.

Debido a los últimos avances tecnológicos, ahora es "mucho menor", subraya un diplomático cercano al asunto, para quien "no es complicado desde el punto de vista técnico" pasar del 60% al 90%.

Irán, por tanto, ha "recorrido el 99% del camino" para alcanzar una tasa de enriquecimiento del 60%, en opinión de los expertos, "lo que demuestra la gravedad de la situación", comenta Andrea Stricker, coautora de un reciente informe del Instituto de Ciencias y Seguridad Internacional de Washington.

El régimen iraní siempre ha negado querer equiparse con la bomba. "Irán no ha reconstituido un stock de uranio tan grande como antes del acuerdo de 2015", prosigue la especialista, que llama a "no ceder a la histeria".

Incluso, si logra reunir suficiente material para una bomba, "tendría que convertirlo y unirlo con explosivos y otros componentes", afirma Eric Brewer, experto en proliferación nuclear del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).

Se necesitan pasos adicionales "para adaptar el arma a un misil y operar el dispositivo correctamente" agrega Brewer.

Aunque su acceso se ve limitado desde la entrada en vigor de una nueva ley iraní en febrero, el OIEA inspecciona regularmente las principales plantas del país, en particular el complejo de enriquecimiento de Natanz (centro).

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