Madrid - El movimiento Yamaá Tabligh, que predica la interpretación más radical y ortodoxa del islam, en la que se han inspirado no pocos para lanzarse a la práctica de la «yihad», está utilizando España como plataforma para potenciar su expansión hacia Sudamérica. Decenas de «misioneros» (daís) de esta organización saltan anualmente el «charco» para proponer, fundamentalmente en Panamá, la Argentina, Brasil y Venezuela, el regreso a los principios originales del islam, para así limpiarlo de la contaminación de Occidente.
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La llegada a España del movimiento Tabligh (congregación para la propagación del islam) comenzó a detectarse a mediados de la década del 80, pero se ha incrementado notablemente en los últimos años, en coincidencia con el aumento de la inmigración procedente de países de mayoría islámica, sobre todo de Pakistán y del Magreb. Es más, su vocación predicadora lo ha llevado en poco tiempo a extenderse por toda España. Las regiones en las que ha conseguido ya mayor implantación son Cataluña, Valencia, Murcia, Andalucía, Ceuta y Melilla, aunque comienza también a asentarse en La Rioja, Navarra y Extremadura.
Consolidada ya su presencia en España, el gobierno detecta ahora que el movimiento Tabligh ha entrado en una nueva fase para expandirse hacia diferentes puntos de Sudamérica. De momento, los desplazamientos de sus misioneros tienen como destino determinadas ciudades de la Argentina, Brasil y Panamá, que cuentan ya con cierta presencia de población musulmana, lo que constituye terreno abonado para propagar su discurso integrista. Precisamente, Brasil es el país sudamericano con mayor población musulmana, que se concentra fundamentalmente en San Pablo, Rio de Janeiro y Brasilia. La Argentina es otro de los países elegidos por el Tabligh para la difusión de su doctrina. De hecho, en 2004 se detectó la entrada de una treintena de personas de este movimiento, originarios de Pakistán y Egipto. Recientemente, una delegación ha visitado la Venezuela de Chávez.
Pero también ha comenzado a detectarse la presencia de misioneros de Tabligh procedentes de España en países como Chile o México, en concreto, en la controvertida región de Chiapas. La llegada a Sudamérica de predicadores que parten de la Península facilita el trabajo a los responsables de esta rama radical del islam, y no sólo porque levantan menos sospechas que los que arriban de países árabes, sino por el idioma, ya que, tras su estancia en España, comienzan a dominar el castellano.
Los responsables de la comunidad Yamaá Tabligh planean y organizan estas expediciones en las reuniones (mashura) que celebran periódicamente. Cuentan para ello con que quienes forman parte de este movimiento disponen de cuarenta días al año para viajar. Cada uno de estos desplazamientos tiene una duración de aproximadamente tres días.
Los organizadores de estas expediciones eligen como destino ciudades, pueblos y aldeas que cuentan ya con cierta población musulmana e incluso con simpatizantes comprometidos con el Tabligh. Estos facilitan a los misioneros el trabajo y les proporcionan logística para su alojamiento, que en ocasiones es una mezquita. Se ha dado el caso de que tras la estancia de tres días, los predicadores del Tabligh han convertido al conjunto de los habitantes, si bien es cierto que ello ha ocurrido en aldeas muy pequeñas. Pero no deja de ser simbólico.
Para su predicación por estos países de Centroamérica y Sudamérica, los misioneros del Tabligh encuentran terreno abonado en la pobreza de las poblaciones que visitan. En ocasiones se presentan como auténticas ONG que brindan servicios sociales, apoyo de diverso tipo, alivio para sus problemas, lo que es bien acogido, lógicamente, por esas gentes con un futuro peor que incierto. Esos grandes bolsones de pobreza hacen que estos países sean vulnerables a la difusión de discursos radicales.
Un informe de la prestigiosa Red de Investigación Avanzada en Insurgencia y Terrorismo Athena Intelligence advierte de que «a pesar de su carácter declaradamente pacífico y apolítico, las actividades de laYamaá Tabligh pueden ser utilizadas (y, de hecho, lo han sido con frecuencia) de manera indirecta por los yihadistas». «El adoctrinamiento del Tabligh -agrega el informe- transmite una visión del mundo que, en la práctica, puede servir de antesala a la ideología yihadista: voluntad de retorno a los orígenes del islam, primacía de la identidad musulmana sobre cualquier otro tipo de adscripción identitaria, preeminencia de la solidaridad intraislámica, exclusivismo sociorreligioso, separación práctica de los no musulmanes, recelo hacia lo occidental...»
El informe alerta además del peligro que supone el hecho de que «las estancias prolongadas de los seguidores del Tabligh en países de mayoría musulmana -particularmente en Pakistán-, con el fin de profundizar sus estudios religiosos, pueden llevar a que algunos de ellos entren en contacto con redes de captación yihadista». Podría darse «la posible instrumentalización fraudulenta de los viajes itinerantes de los miembros del Tabligh por parte de los yihadistas». Esto es, que terroristas de corte islamista «intenten pasar por miembros de la Yamaá Tabligh con el fin de no despertar sospechas en sus desplazamientos».
Por ejemplo, el informe de Athena recuerda que la red de Abu Dahdah, desarticulada en noviembre de 2001, utilizó el entorno del Tabligh para captar simpatizantes, por ejemplo, los marroquíes Amer Azizi, Khalid Zeimi y Mustafa el-Maymouni. El primero de ellos pasó por los campos de entrenamiento de Afganistán y a su regreso se convirtió en uno de los principales reclutadores de la trama. Por su parte, El-Maymouni está preso en Marruecos por su vinculación con los atentados de Casablanca. Zeimi formó parte del grupo yihadista de Maymouni y en 2004 fue sorprendido cerca de la central nuclear de Trillo con una cámara de fotos y sin ser capaz de explicar su presencia allí.
También Serhane Abdelmajid «el Tunecino», autor del 11-M, frecuentó la comunidad Tabligh en Madrid. También estuvo relacionado con este movimiento, aunque en Barcelona, el marroquí Aziz el-Bakri, que murió combatiendo en Irak en abril de 2003. Asimismo, Mohamed Srifi Nali, detenido en diciembre de 2005 dentro de la operación La Unión, pertenecía a la comunidad Tabligh y pretendía captar a otros miembros de este movimiento en Málaga y Sevilla.
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