E l gobierno de Lula Da Silva parece haber destrabado la crisis política que lo inmovilizó desde febrero pasado (tras el escándalo de coimas de Waldomiro Diniz), pero ahora deberá enfrentar otro frente de tormenta de la mano de una mayor presión sindical y evitar así una posible crisis económica. Las principales centrales obreras p r o m e t e n realizar este mes importantes movilizaciones en pos de elevar el salario mínimo a 300 reales y por la contratación de emergencia de trabajadores. Ya la poderosa gremial CUT anunció que presentará un manifiesto con estas peticiones y movilizará el aparato sindical en todo el país.
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El reloj corre contra el gobierno. Las encuestas así reflejanel descontento de la gente donde la mayoría considera que la acción del gobierno es conducida ineficazmente, que la economía va a crecer poco y la inflación va a subir. La confianza de los brasileños en el presidente Lula cayó siete puntos en la última semana de marzo. En un año pasó de 80% de popularidad y 51% de imagen positiva a menos de 60% y 28% respectivamente.
Pero los sindicatos no estarán solos en el reclamo salarial. Hasta los militares liderados por el diputado Jair Bolsonaro articulan un cacerolazo «a la argentina» por un aumento salarialpor sobre la inflación. De esta nueva presión salarial sobre Lula participaron esposas de militares en una manifestación en Brasilia pidiendo aumento para sus maridos. A este contexto se suma la huelga de la policía que continúa desafiando al gobierno y potencia otros movimientos en cascada.
Si bien los problemas políticos pueden haber contribuido a sembrar este sentimiento negativo, fue principalmente la evolución de la economía la que derrumbó la popularidadpresidencial. Hay en este sentido un dato elocuente en las encuestas: 53% de los encuestados no escuchó hablar del caso Waldomiro. Pocos vislumbran un choque de expectativas y un caos económico.
• Atención
Los analistas brasileños aguardan cosechar los frutos de la política económica en términos de mayor nivel de actividad y menor inflación. Pero los analistas extranjeros están atentos a cualquier desliz del gobierno. Así, por ejemplo, la revista británica «The Economist» advirtió que ceder a presionespopulistas por cambios en la política económica puede transformar la crisis de naturaleza política en una crisis económica. La inflación minorista fue en marzo de 0,47% superando las estimaciones privadas. Así la inflación acumula en lo que va del año un alza de 1,85% y en 12 meses 5,89%.
La meta de inflación del Banco Central de este año es de 5,5% con una tolerancia de 2,5 puntos. De todos modos las expectativas apunta a que el Central recortaría entre 0,25% y 0,50% la tasa de interés Selic para beneplácito de los industriales y sindicatos.
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