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Rodríguez Orejuela, de 63 años y señalado número uno de ese cartel narcotraficante, nació en la central localidad de Mariquita, en un hogar formado por un pintor autodidacta, un ama de casa y seis hijos.
Sin estudios superiores pero hábil para los negocios, cuando tenía 15 años empezó a trabajar como vendedor de una farmacia en la sudoccidental ciudad de Cali. Cinco años después se convirtió en gerente y al cabo de otros cinco estaba listo para emprender su propia empresa farmacéutica.
Tuvo siete hijos, de los que varias veces destacó que se habían graduado como ingenieros o contadores públicos en universidades de Estados Unidos y Europa.
«Mis hijos trabajan en nuestros propios negocios», solía decir en la época en que él y su hermano Miguel -actualmente en prisión-se presentaban como prósperos empresarios y directivos del club de fútbol América de Cali y no como los reyes del tráfico de cocaína, tal como lo denunciaba Estados Unidos.
Desde esa época se ganó entre amigos y socios el apodo de «el ajedrecista», al parecer por su habilidad y cabeza fría para mover las fichas del negocio de las drogas y relacionarse con prominentes políticos colombianos.
Los hermanos Rodríguez Orejuela fueron acusados por la Fiscalía colombiana y el gobierno de Washington de haber financiado con 6 millones de dólares la campaña proselitista del presidente Ernesto Samper (1994-98), quien fue absuelto de ese cargo por el Congreso y negó haber mantenido tratos con los criminales.
Según la Fiscalía, los Rodríguez Orejuela también aportaron fondos a otros políticos, deportistas y celebridades colombianos, por lo que abrió una gigantesca causa antimafia conocida en Colombia como el «Proceso 8.000».
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